¿Quién iba a decir que tener cuatro esposas podía ser tan problemático? Sin dudas no es lo que esperaba Bamari Keita, Farbas de Mandinga, cuando sumó a su decimotercer hijo de parte de cuatro esposas diferentes. Todo marchaba bien en el reino del gran Farbas, quién había construido nuevos puestos comerciales en cada aldea, había ampliado sus territorios mediante la conquista, y ya tenía arreglada media docena de convenientes bodas entre sus hijos y los descendientes de otros líderes de la región, lo que le aseguraba valiosas alianzas.

Todo esto cambió cuando su segunda esposa se apareció armada con un cuchillo frente a su primogénito, pupilo y heredero. El asesinato del joven niño de 12 años aseguraba que ahora, según las leyes sucesorias, sería el hijo de la segunda esposa el que lograra heredar el trono tras la muerte del gran líder. El infanticidio de su hijo favorito empujó al gran Farbas por el camino de la depresión y la ira. Pronto, su prospero reino comenzó a hundirse al tiempo de que el Farbas se hundía también en los vicios y la melancolía. Al morir el Farbas, el débil segundo heredero asumió al trono y pronto el gran reino de Mandinga fue invadido por sus enemigos y desgarrado desde adentro. Sin embargo, la gran red de comercio montada por el gran Bamari Keita prosperó, y la riqueza de la región siguió creciendo para el beneficio de futuras generaciones.

Esta es solo una de las miles de historias que pueden surgir en Crusader Kings III, la última oferta de Gran Estrategia de parte de los maestros del oficio, Paradox Studios. Donde otros juegos de la compañía se centran en aspectos militares o políticos, el enfoque de Crusader Kings siempre ha sido uno diferente, ha sido el enfoque en las personas, las relaciones y las incontables narrativas que pueden surgir de un sistema de interacciones tan complejo como único. Luego de ocho años de soporte para el ya excelente Crusader Kings II, era tiempo de otorgarle a esta noción tan interesante una nueva plataforma para seguir creciendo, y Crusader Kings III es la mejor plataforma que podríamos esperar.

Al igual que en entregas anteriores de la saga, el enfoque de Crusader Kings III apunta a recorrer el camino de una dinastía a lo largo de la edad media. Desde las dos fechas iniciales de 867 y 1066 hasta las postrimerías del siglo XV. Por supuesto, en Crusader Kings III no nos vamos a poner al mando de una facción, un reino o un imperio, sino de un personaje. En cada fecha inicial vamos a encontrar docenas y docenas de personajes para elegir. Condes, duques, reyes o emperadores desde Escandinavia hasta el África Subsahariana, desde Hispania hasta las cumbres del Tibet. Desde figuras conocidas como Ivar el Deshuesado o Carlos el Calvo hasta ignotos gobernantes de las regiones de Nubia o el subcontinente indio. La amplitud de opciones que nos ofrece Crusader Kings III es casi sobrecogedora.

Este enfoque hace que Crusader Kings III, en realidad, sea menos un juego de Gran Estrategia y más un juego de rol. Ya que en cada partida ocuparemos el rol de un gobernante y de sus descendientes y herederos. El control que tendremos sobre estos personajes es extremadamente granular. Para empezar, las características innatas de cada personaje implicaran la elección de su estilo de vida. Estos estilos de vida marcan el regreso de uno de los elementos más interesantes agregados a Crusader Kings II mediante contenido descargable, y es realmente excelente contar con esta característica desde la versión base de Crusader Kings III. En total hay cinco estilos de vida, orientados hacía lo militar, lo administrativo, el aprendizaje, la intriga o las riquezas. Esta será la elección primigenia que dictará como llevará adelante su gobierno cada uno de los gobernantes que controlaremos.

Pero esta decisión no es la única, ya que Crusader Kings III cuenta con un sistema de relaciones interpersonales sin paralelos en el medio. El comportamiento de cada personaje presente en el juego se encuentra modelado de acuerdo a un gran número de variables, y en todo momento todos los personajes complotaran contra sus enemigos, forjaran alianzas y amistadas, se enamorarán (dentro y fuera del matrimonio), intentaran asesinarse unos a otros y, en síntesis, vivirán sus vidas virtuales con todo lo que eso implica.

Todos estos elementos hacen de Crusader Kings III un juego del más puro estilo sandbox, en el sentido de que no hay una forma de “ganar” Crusader Kings III, ni un objetivo final que cumplir. Más bien, nuestra única misión es la de cultivar la grandeza y la leyenda de nuestra dinastía y esto puede lograrse de diferentes maneras, ya sea la conquista, el desarrollo cultural, la acumulación de riquezas y la forja de poderosas alianzas dinásticas. Esta naturaleza abierta del juego es tanto su mayor fortaleza como su más grande debilidad, ya que el disfrute de cada jugador dependerá de la capacidad de cada uno de imponerse objetivos y disfrutar de las distintas historias que genera la interacción de sistema. Crusader Kings III no es un título para jugadores pasivos y la actitud proactiva por parte de quien este detrás de los controles es siempre es necesaria.

Con esto dicho, la lista de cosas que pueden hacerse en cada partida de Crusader Kings III es inmensa. Si lo deseamos, podemos dedicarnos a la guerra y conquistar condados y ducados vecinos para fundar un nuevo reino o un imperio. También podemos dedicar la vida de nuestro gobernante a los estudios y así aumentar la potencia de nuestra cultura. O bien, como en mi ejemplo de Bamari Keita, aumentar las riquezas de nuestras tierras y dedicarnos a engendrar y criar muchos, pero muchos hijos. Por lo general, estos enfoques vienen fuertemente atados a los distintos estilos de vida, pero siempre será posible perseguir otros objetivos si así lo deseamos.

Estos distintos estilos de juego se encuentran apuntalados por complejos subsistemas que regulan los distintos acontecimientos de cada partida. Elementos tales como la religión, la cultura, el espionaje, la guerra o la diplomacia se encuentran modelados mediante mecánicas que se presentan al jugador en forma de distintos menús de información, y que llevan a la toma de decisiones. Con esto dicho, Crusader Kings III es un juego que requiere mucha lectura y compromiso del jugador para poder sacarle el jugo al máximo. Por suerte, las distintas historias que surgen de sus sistemas y que podemos generar con nuestras acciones son siempre interesantes y llevan muchas veces a resultados inesperados, por lo que es muy difícil que distintas partidas se sientan similares o repetitivas, más aún cuando podemos lanzarnos al juego en lugares muy dispares de un mapa que cubre todo Europa y buena parte de Asia y África.

Tomemos como ejemplo, el complejo sistema de religión. Cada condado, ducado o reino que controlemos contará con una religión central, usualmente liderada por un obispo local (o bien una autoridad similar, dependiendo de la cultura). Nuestra religión genera un recurso conocido como fe, que será útil a la hora de tomar distintas decisiones tales como declarar cruzadas, convertir paganos o pedirle un préstamo de dinero a la cabeza de nuestra fe. Pero la religión también puede intervenir de formas más inesperadas al combinarse con otros elementos del juego. Tal vez podemos descubrir que una de nuestras cortesanas y amantes (si, es posible tener amantes), adora a dioses paganos, lo que nos llevará a un conflicto de intereses que, si no jugamos bien nuestras cartas, puede desatar un conflicto regional con otros líderes más devotos.

De manera similar otros mecanismos aparentemente menores pueden generar enormes cambios en el escenario geopolítico. Por ejemplo, una forma sencilla de mantener alianzas fuertes y asegurar descendencia con derecho a varios títulos es arreglar matrimonios intrafamiliares, lo que a la larga puede llevar a enfermedades congénitas en nuestros descendientes producto del incesto, y generar herederos y reyes débiles de cuerpo y mente que pongan patas para arriba a una región entera. Son estos elementos, pequeños y grandes, lo que hacen de Crusader Kings III un juego absolutamente impredecible y nunca veremos dos partidas iguales, aún empezando exactamente en la misma posición inicial.

Si todo esto parece muy complejo, es porque realmente lo es. Pero afortunadamente Paradox ha hecho un trabajo superlativo a la hora de presentar estos elementos y mecánicas de juego al jugador. Sistemas como la guerra, aparentemente complejos con sus ejércitos de levas, hombres de armas y mercenarios, están presentados al jugador de una manera sencilla y concisa que hacen que todo sea bastante más trasparente que en Crusader Kings II. Esta facilidad de uso, en general, se puede extender a la mayoría de las facetas del título.

La innovación más significativa con respecto a la facilidad de uso, sin embargo, viene dada por el nuevo y excelente sistema de tooltips. Mediante esta herramienta, será posible obtener información de todos los elementos del juego con solo mantener el puntero del mouse unos segundos sobre el elemento deseado. Aún más, cada tooltip posee a su vez hipervínculos a otros conceptos de juego por lo que en todo momento vamos a tener toda la información disponible a solo un par de movimientos de mouse de distancia. La curva de aprendizaje casi vertical de este estilo de juegos ya es cosa del pasado.

Otro elemento que ha mejorado significativamente con respecto a Crusader Kings II es la presentación gráfica del juego. La forma en la que el mapa de juego esta presentado es sencillamente magnifica. Al alejar todo el zoom, nos encontraremos con un mapa estratégico sobre una mesa que nos presentará de manera automática las divisiones más grandes de reinos e imperios. Al ir acercando el zoom, no solo aumentará el nivel de detalle gráfico, sino que el mapa nos irá mostrando un detalle más granular de los distintos pequeños reinos, ducados y condados. Podemos pasarnos horas enteras jugando en pequeñas regiones como la península ibérica o Irlanda, para luego pasar a controlar grandes imperios tales como el Sacro Imperio Romano o los Kanatos de las estepas asiáticas. De una forma u otra, la información que nos presentan los distintos modos de mapa siempre estará a la altura de las circunstancias.

El lavado de carga gráfico de esta nueva entrega también se extiende a otros elementos algo más superfluos, pero no por eso menos bienvenidos. El nivel de detalle de los diferentes avatares es mucho más detallado, y ahora los descendientes tomaran características físicas de sus progenitores. Esto también ayuda bastante al diferenciar a los distintos personajes clave de nuestros reinos, algo que no es siempre tan fácil de hacer solo con los nombres.

Por otra parte, el juego cuenta con una gran variedad de opciones que nos permiten modificar a gusto las reglas básicas del mundo feudal. En todo momento podemos cambiar las leyes de sucesión o la importancia de distintos elementos, como la cultura o las religiones. De manera que es posible crear algo tan alocado o ahistórico como una sociedad desnudista matriarcal británica dedicada al culto a Tengri. Claro que, si lo deseamos, también podemos dejar estos elementos por defecto, siguiendo la historia de la manera más fiel posible a la realidad.

Todos estos elementos hacen de Crusader Kings III el juego de Gran Estrategia más apropiado para los novatos en este tipo de género, tal vez solo por detrás de Stellaris. Aquellos jugadores que sentían curiosidad por este tipo de ofertas, pero se veían amedrentados por las elevadas curvas de aprendizaje que requerían estos juegos, ya no tienen excusas. Crusader Kings III es la puerta de entrada ideal para la Gran Estrategia.

Si nos quedan algunas criticas para hacerle a Crusader Kings III vienen por el lado de las criticas que siempre le podemos hacer a Paradox. A lo largo de todo el juego, es posible ya vislumbrar los “huecos” a llenar con futuras expansiones y DLC. Por ejemplo, la diferencia cultural presente en los desarrollos de las distintas culturas es apenas marginal, y ya imaginamos el lanzamiento de paquetes de contenido que agreguen “sabor” a las culturas de África y Asia presentes en el juego. Aunque, por otro lado, también tenemos que reconocer que Crusader Kings III se siente bastante completo en su lanzamiento, y muchos de los elementos más importantes agregados a Crusader Kings II con los años ya están presentes en la versión base de la nueva entrega.

Otra critica importante viene por la deficiente traducción al castellano del título. Los jugadores que elijan jugar al juego en español se van a encontrar con sentencias faltantes, errores de traducción y palabras intercaladas en inglés. Muchas veces estas omisiones y errores van a provocar que sea imposible saber cuales son los personajes afectados por una decisión, por lo que es recomendable, al menos por ahora, decantarse por jugar al titulo en su idioma original.

Pero estas quejas son insignificantes ante lo logrado por Paradox con Crusader Kings III. Estamos tal vez ante el mejor lanzamiento inicial en la historia del estudio y ante un juego que sin dudas va a convertirse en ficha segura entre los juegos más jugados de PC durante los próximos años. Crusader Kings III es, tal vez, uno de los mejores exponentes de lo que Paradox puede hacer con este estilo de juegos, y además uno de los juegos de Gran Estrategia más amistosos para con los novatos. Estamos, sin dudas, ante uno de los mejores juegos de estrategia de 2020, y claro, también ante uno de los mejores juegos de rol de este año. Porque en el fondo, eso es Crusader Kings, un enorme juego de rol con un disfraz de Gran Estrategia.

Este review fue realizado con una copia de prensa proporcionada por Paradox Interactive.

Crusader Kings III – Review
Gameplay100%
Gráficos90%
Musica y Sonidos90%
Multiplayer85%
Lo bueno:
  • Enorme variedad de opciones y alternativas en cada partida.
  • Amistoso para con los novatos, en especial gracias al sistema de tooltips.
  • Las mejores características de Crusader Kings II ya están presentes en la versión base.
Lo malo:
  • Ya aparecen los “huecos” a llenar con futuros DLCs.
  • Traducción al español ineficiente.
95%Nota Final
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95%