Habiendo iniciado su campaña Kickstarter en octubre del 2014 y, luego de seis meses bajo el programa Early Access de Steam, el estudio indie The Molasses Flood (constituido por desarrolladores que trabajaron en títulos como Bioshock, Halo, Guitar Hero y Rock Band) presenta la versión final de The Flame in the Flood, una aventura cuyo mundo se encuentra parcialmente inhabitado y completamente bajo agua.

Nuestra travesía comienza con una joven acampando bajo el cálido manto de una fogata, cuando de repente un pequeño y carismático perro -acompañado de una diminuta y extraña radio- lleva consigo un mensaje de esperanza. Así comenzará nuestro recorrido que nos llevará a viajar por las ruinas de una civilización ya ciertamente olvidada, donde solo encontraremos caos, destrucción y soledad, en un mundo completamente consumido y olvidado por el agua. Los instintos de supervivencia jugarán un rol clave para superar el día a día y encontrar tierra segura entre tantas masas de aguas turbulentas.

Resulta irónico comparar el mundo post-apocalíptico de The Flame in the Flood con otros emblemáticos como los de Mad Max, Wasteland o Fallout, donde el yermo y los desiertos fueron una clara imagen de la desesperanza, mientras que el agua se presentaba como un recurso escaso.

El agua en TFITF, será un elemento esencial usado como cimiento para desarrollar toda su fórmula jugable e historia, si bien tiene misiones “principales”, durante su modo campaña, sentiremos que la narración y su trama no será uno sus puntos fuertes, – tal como ya es estamos acostumbrados en títulos del genero de supervivencia-. Los eventos de la trama se irán desarrollando al realizar pequeñas acciones, o al toparnos con personajes peculiares para intercambiar nuestros más preciados bienes. Al igual que muchos exponentes del género y siendo el modo interminable la principal característica del juego, la campaña hay que tomarla como un elemento básicamente complementario.

Lo primero que notaremos es su gran parecido a Dont Starve, o al menos su intento de formular una sensación de soledad e infortunio a donde quiera que vayamos. Esto es algo constante en nuestra aventura al estar siempre en movimiento y sin un lugar fijo donde poder permanecer tranquilo. Viajaremos a lo largo de 10 regiones (sutilmente diferenciadas) donde cada una presentara sus propias desafíos y facetas, replanteando de esta forma como desenvolvernos en cada oportunidad.

Algunas de estas zonas incentivaran la exploración y la búsqueda de recursos, mientras que otras nos invitaran a descansar brevemente y alimentarnos con su escasa flora y fauna. Lo único que encontraremos con seguridad, es la hostilidad de las violentas criaturas que habitan estos ecosistemas. Será vital mantener una atención especial al momento de adentrarnos a cada región, ya que los animales que merodean (cuervos, lobos, jabalís, serpientes y osos) propiciaran una aterradora bienvenida. En caso de contar con los elementos necesarios, podremos crear trampas fatales, cebos envenenados o arcos con flechas que brindaran una efectiva defensa antes estas hostiles criaturas que, en última instancia, nos proveerán de una sustancial ración de comida, libre de bacterias o gérmenes.

Sed, hambre, temperatura y energías son características que deberemos saciar paulatinamente, pudiendo recurrir a múltiples soluciones para satisfacer estas necesidades básicas, ya sea en forma parcial o total. Algunos alimentos resultaran seguros para consumir, mientras que otras podrán generar un serio daño ya sea, provocando infecciones, enfermedades o envenenamiento. A pesar de que estos males que tanto nos afligirán pueden curarse mediante pastillas, brebajes u otros métodos menos convencionales, los materiales o plantas necesarias para dichos tratamientos no siempre estarán a nuestro alcance.

Depende completamente de nosotros si decidimos arriesgar nuestra salud o ir a lo seguro, ya sea bebiendo agua limpia de lluvia o grifos, o alimentándonos con animales o plantas, cocinando algunas comidas bajo cálidas fogatas -o mesas de trabajo, necesaria para crear las armas básicas. El cansancio y frío será otro componente adverso con el que tendremos que aprender a convivir y, para protegernos, será necesario utilizar pieles de animales para crear vestimentas sumamente protectoras y favorables. Una opción más simple será la de descansar en los numerosas refugios desparramados a lo largo de cada escenario de este universo inundado.

Entre las ruinas y paramos que iremos recorriendo, vamos a encontrar pequeños astilleros de fabricación, donde gracias a tuercas, tornillos, metales y maderas, podremos crear modificaciones para nuestra barcaza -tal como como si de una casa se tratase- pudiendo equiparla con una tienda de dormir, un caldero (para preparar comidas o crear equipos), tanque de agua potable, o los clásicos elementos de protección y turbo.

De todos modos, la mochila será nuestra principal estación de creación y mejoramiento. En un principio podrá parecer bastante reducida al no poder almacenar muchos elementos, de manera que deberemos ir alternando entre sus slots y los de la barcaza para ganar espacio extra (al menos hasta mejorarla). Ya sea explorando, creando elementos, modificando, o realizando tareas secundarias -que hallaremos en pequeños buzones- The Flame in the Flood nos absorberá por completo en su universo de supervivencia.

The Molasses Flood optó por elegir el popular Unreal Engine 4 para The Flame in the Flood. El resultado es un gran nivel artístico que logra diferenciarse del resto de los exponentes del género, presentando escenarios coloridos y bien ambientando, con un estilo de gráficos similar al de títulos como Life is Strange, pero con un diseño más caricaturesco y plano.

Su apartado sonoro tal vez sea uno de sus puntos más fuertes, entregando una banda sonora variada y emocionante con canciones de estilo country que brindan una ambientación excepcional e inmersiva a las zonas inhóspitas de juego. Cada recorrido que realicemos río abajo conlleva un sentimiento de optimismo y esperanza que nos impulsa a seguir jugando.

Con el pasar del tiempo, han sido muchas las aventuras que buscan adentrarse a la modalidad open-world, la supervivencia y el crafting. Algunas entregan una experiencia más madura y seria -con ambientaciones ya conocidas- mientras que otras, como es el caso de The Flame in the Flood, busca traer un soplo de aire fresco gracias a su llamativa propuesta en un mundo inundado y su fácil curva de aprendizaje que se adapta a cualquier usuario.

Puede que por ello su jugabilidad peque de ser demasiado simple para el público más exigente, pero gracias a la aleatoriedad de sus biomas y con más de 60 inusuales creaciones mediante el sistema de crafting, The Flame in the Flood lograra generar en el usuario una experiencia atípica al resto, incentivando la exploración y la explotación de sus propias ideas de supervivencia.

The Flame in the Flood es un juego que podrá durar tanto como nosotros lo deseemos. Mientras que su campaña nos entregara alrededor de 25 horas de juego a lo largo de 10 regiones, el verdadero potencial del juego está en su modo interminable, donde las horas parecerán minutos y tal lo indica como su nombre, jamás veremos un final mientras que nuestro personaje siga luchando por mantenerse vivo.

Este review fue realizado con una copia comercial proporcionada por The Molasses Flood.

The Flame in the Flood - Review
Historia70%
Gameplay85%
Gráficos85%
Música y sonidos95%
Lo bueno:
  • Las sensaciones de supervivencia y las posibilidades de crafteo que propone
  • El modo interminable se torna sumamente adictivo
  • La banda sonora
Lo malo:
  • Su modo campaña resulta algo simple y poco explotado.
  • Puede llegar a tornarse repetitivo para cierto público
85%Nota Final
Puntuación de los lectores: (1 Voto)
100%