Finalmente, y tras 17 años de espera, el épico final de la saga Starcraft ha llegado. Cuando en su momento Activision-Blizzard anunció que Starcraft II, la tan esperada secuela, iba a ser dividida en tres grandes episodios, fueron muchos los que pusieron el grito en el cielo. Hoy, sentados aquí al final del camino, podemos decir que la movida de Blizzard tuvo resultados ambivalentes. Por un lado, a Starcraft II se le dificultó mantenerse relevante en una arena E-Sports cada vez más sobrecargada y donde títulos como League of Legends, DOTA 2 y Counter Strike: GO se llevan todas las miradas. Por otro lado, la división de la historia en tres grandes capítulos trajo beneficios importantes a la hora de encarar las campañas. Cada una de ellas grande, entretenida y con sus propios giros y sorpresas.

Con Legacy of the Void, Blizzard afronta una doble misión. Por un lado necesita mantener activa a la comunidad online y brindar a los jugadores nuevas y mejores maneras de poner a prueba sus habilidades en la competitiva arena de Starcraft II. Y por otro lado, hay que llevar a una conclusión definitiva a esta enorme historia que comenzó a gestarse a fines del milenio pasado, y que ha dejado a los fanáticos de la saga en vilo por casi dos décadas. Esta review apunta a analizar estos dos aspectos del juego, ya que otros elementos tales como la parte gráfica y de rendimiento no presentan mayores diferencias con lo visto en 2010 con Wings of Liberty.

En Taro Artanis

La campaña de Starcraft II: Legacy of the Void nos ubica algunos meses después del gran triunfo de Sarah Kerrigan sobre Arcturus Mengsk en Hearth of the Swarm. El Dominio Terran yace en ruinas, iniciando una lenta reconstrucción bajo la guía del príncipe Valerian, y la Reina de las Cuchillas se ha sumergido en las profundidades del espacio, persiguiendo la verdad oculta en las profecías del templario oscuro Zeratul. En Shakuras, el Jerarca Artanis, líder de las fuerzas unidas de los Protoss de Aiur y los Nerazim, decide que este es el momento perfecto para montar un gran ataque sobre Aiur y recuperar, de una vez por todas, el mundo natal de los Protoss.

La campaña de Legacy of the Void finalmente trae a los Protoss al centro de la escena. Y tiene por objetivo ponerle un broche de oro a una historia que se extiende casi por dos décadas, desde Starcraft y su expansión Brood Wars. La narrativa de la campaña gira en torno a los temas que se han venido gestando en los últimos capítulos, y al advenimiento del Dios Oscuro Amón, que plantea una enorme amenaza para toda la vida en la galaxia.

Desde un punto de vista narrativo, lo presentado en Legacy of the Void no me ha resultado del todo interesante. La campaña está llena de discursos grandilocuentes, susurros sobre profecías y amenazas de un final aciago y un mal infinito. Terreno bastante Cliché si se quiere. Tampoco ayuda demasiado el hecho de que los Protoss no son precisamente los personajes más interesantes. Jim Raynor y Sarah Kerrigan son dos personajes centrales mucho más complejos y tridimensionales que el aburrido y bonachón de Artanis. Que en esta ocasión debe cargar todo el peso de la narrativa sobre sus dorados hombros.

Sin entrar en el terreno de los spoilers, debo decir que a pesar de todo, los grandes fanáticos de esta saga seguramente disfrutarán de la campaña al grito de “En Taro Tassadar!” o “My Life for Aiur!” A mí, que solo soy un jugador ocasional de esta saga, no me ha movido un pelo.

La estructura de la campaña, sin embargo, sale mucho mejor parada. Al igual que lo ya experimentado con el Hyperion en Wings of Liberty y el Leviathan en Hearth of the Swarm, Artanis contará con su propia nava insignia: La Lanza de Adun. Esta nave de avanzada tecnología Protoss no solo nos servirá como base de operaciones a lo largo de la campaña, sino que cumplirá un rol central en cada una de las misiones.

Mediante la recolección de un recurso llamado Solario en cada uno de los escenarios vamos a poder mejorar las capacidades de la Lanza de Adun. A lo largo de la campaña se podrán desbloquear nuevas habilidades activas o pasivas mediante las cuales la Lanza de Adun podrá ayudar a nuestras operaciones desde posiciones orbitales. Algunas habilidades son más útiles que otras, por supuesto. He encontrado especialmente efectiva la capacidad de desplegar pilones con refuerzos en cualquier parte del mapa. La posibilidad de transposicionar ejércitos enteros al frente de batalla hace que los Protoss, durante la campaña, sean una fuerza imparable.

También contribuye a esto el otro sistema activo en la Lanza de Adun: el concilio de guerra. Aquí, podremos elegir entre tres versiones diferentes de cada unidad Protoss, en algunos casos, con cambios significativos a la hora de encarar el juego. Favoritos de los fanáticos, como el Dragún y el Arconte Oscuro, regresan por vía de este sistema, ya que no se encuentran disponibles en el modo escaramuza y el modo multijugador. Estas unidades, naturalmente, no están balanceadas para el juego competitivo. Simplemente están disponibles para ser asombrosas, y con eso basta. La campaña Protoss es muy divertida por su estructura.

Si bien es cierto que tras ya más de 60 misiones entre los tres capítulos no vamos a encontrar demasiadas misiones innovadoras (como el ataque zombie en Wings of Liberty), Blizzard aún ha encontrado la manera de hacer divertidos e interesantes los acontecimientos. Una misión, por ejemplo, coloca nuestra base encima de una plataforma móvil, que deberemos ir moviendo sobre un sistema de rieles en busca de recursos. Mientras que otra nos pone al mando de dos de los personajes más poderosos de la saga, mientras se enfrentan solos a ejércitos enteros.

En líneas generales, la campaña de Legacy of the Void es un aprobado. Es una pena que los compases narrativos no estén a la altura de la excelente estructura de cada una de las misiones y de la campaña en sí. Pero a pesar de estas críticas estoy seguro que los fanáticos de Starcraft la va a disfrutar muchísimo.

Power Overwhelming

El otro elemento novedoso en Starcraft II: Legacy of the Void son los nuevos modos de juego multijugador. A saber: Las misiones cooperativas y el modo arconte. Las misiones cooperativas son exactamente lo que su nombre indica, escenarios especiales en los cuales dos jugadores se pondrán al frente de sus ejércitos para cumplir objetivos en común. Estas misiones cooperativas giran en torno a la figura de los comandantes. Unidades especiales que representan a los principales héroes y villanos del universo Starcraft. Mediante la consecución de las distintas misiones cooperativas, los jugadores podrán mejorar el nivel de sus comandantes y desbloquear nuevas habilidades para ellos. Se trata de un modo interesante, que agrega una nueva forma de experimentar la brutal precisión requerida para afrontar los principales desafíos en el mundo multijugador de Starcraft. Además de ser una muy buena manera por la que un jugador experimentado puede introducir a un novato a algunos de los elementos más complejos de la estrategia presentes en este título.

Para este último aspecto, sin embargo, Blizzard ha creado un nuevo modo de juego: El Modo Arconte. Esta modalidad de juego, que obtiene su nombre de la unidad Protoss que se genera al fusionar dos Altos Templarios, pone a dos jugadores al mando de un mismo ejército. En un primer momento, este modo de juego puede resultar caótico, en especial si se juega con un desconocido y no hay una coordinación en los movimientos y las decisiones. Pero en manos de un jugador experimentado, el modo Arconte es la forma ideal de introducir a un novato a la salvaje arena multijugador de Starcraft.

Otros elementos han sido agregados al universo multijugador, entre los que se cuentan seis nuevas unidades, dos para cada bando. Al no ser un jugador largamente experimentado de Starcraft II, no me veo capaz de dar un veredicto sobre el balance y la utilidad de estas unidades. Será algo que seguramente se vaya ajustando y mejorando con el pasar de los meses y los campeonatos.

En líneas generales, los cambios introducidos por Blizzard en el apartado multijugador del juego han apuntado a bajar un poco la pendiente de la curva de aprendizaje y disminuir la frustración experimentada por los jugadores novatos en el juego. Claro está, todas estas medidas no hacen más que aliviar una simple realidad: Starcraft II es un juego difícil de dominar. Intentar penetrar en los grandes círculos de juego Online es una tarea que se construye en un camino poblado de humillantes derrotas y momentos de frustración. Y en el fondo, eso no ha cambiado.

My life for Aiur!

Starcraft II: Legacy of the Void marca el final para esta gran saga que empezó allá por el año 1998. Y si bien la narrativa de los últimos capítulos tiene sabor a poco, también es cierto que este capítulo marca la despedida de personajes legendarios como Jim Raynor, Sarah Kerrigan, Artanis o Zeratul. A la competente campaña, se han añadido nuevos modos multijugador, que por lo menos logran mitigar un poco la empinada curva de aprendizaje que presenta el juego, una barrera de acceso para muchos inaccesible a la hora de afrontar el componente multijugador.

Con todo dicho, Legacy of the Void es un más que aceptable final para esta gran saga. Y si bien los acontecimientos tienen un aire y un olor a adiós definitivo. Nunca sabemos que nos deparará el futuro. Starcraft fue, es y siempre será uno de los grandes títulos dentro del mundo de la estrategia. Un clásico entre clásicos.

Starcraft II: Legacy of the Void – Review
Gameplay80%
Gameplay95%
Gráficos85%
Música y sonidos85%
Multiplayer90%
Lo bueno:
  • Los nuevos modos multijugador
  • La estructura de la campaña
  • El final de una gran saga
Lo malo:
  • La narrativa básica y cliché
  • La barrera de acceso al mundo multijugador sigue siendo elevada
89%Nota Final
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89%