Con los anuncios de Star Wars: Galactic Racer, el reboot de Screamer y Carmageddon: Rogue Shift el año pasado, 2026 parecía encaminarse a ser un gran año para los arcades de carreras, un género que hoy se extraña más que nunca. Por eso, cuando supe que el estudio italiano 34BigThings había tomado las riendas de la saga Carmageddon, la expectativa fue inmediata. Incluso teniendo en cuenta que Redout y Redout 2 no están entre mis juegos de carreras antigravedad preferidos —principalmente por la ausencia de armas y su énfasis casi exclusivo en la velocidad—, la posibilidad de ver a Carmageddon reinventarse con un enfoque más agresivo y moderno resultaba, al menos en papel, muy prometedora.

Rogue Shift se anunció como un roguelite de carreras para un solo jugador y, si bien no era lo que muchos esperaban, tampoco me pareció una mala decisión. Más aún si tenemos en cuenta que la mezcla de mecánicas roguelite con otros géneros, como los beat ’em up (y lo digo por Absolum), ha demostrado ser justamente lo que esos géneros necesitaban para salir de su molde y ofrecer experiencias mucho más sustanciosas. A esto se suma una apuesta más explícita por el combate vehicular mediante armas de fuego montadas, un enfoque inédito dentro de Carmageddon, históricamente más apoyado en la física, el atropello y el caos que en el uso de armamento como sistema central.

Con Carmageddon: Rogue Shift, 34BigThings prometió un gameplay que combinaba elementos de clásicos como Burnout, Death Rally, Split/Second, Twisted Metal y Vigilante 8, entre otros. Sin embargo, la realidad es que esta nueva iteración de la saga tiene poco y nada de los mencionados. Incluso hablando pura y exclusivamente de su manejo, este no se siente particularmente arcade y, de hecho, puede resultar exasperante en determinadas situaciones, como cuando el auto patina y quedamos dados vuelta, obligándonos a presionar el botón de reinicio, ya que volver a la pista de manera manual resulta engorroso y poco intuitivo.

Algo similar ocurre al chocar contra obstáculos del circuito o contra algunos policías que intentan bloquearnos y terminan quedándose “pegados” a nuestro vehículo como manteca difícil de despegar. El tiempo de recuperación es lo menos arcade que vi en mucho tiempo y esto afecta tanto a la dinámica general de las carreras como al ritmo de juego, que termina siendo inconsistente. El auto se siente demasiado pegado el piso y tanto la sensación de velocidad y el drifting no son nada satisfactorios como sucede en la mayoría de los arcades mencionados.

El problema no es que el juego apueste por el caos o la agresividad, sino que rara vez logra que ese caos se sienta divertido o satisfactorio al volante, algo clave en cualquier arcade de carreras. En más de una carrera, un solo choque mal dado implica perder varios segundos sin posibilidad real de recuperación, dejándonos fuera de competencia mucho antes de que el evento termine y rompiendo por completo la fantasía de carrera agresiva que el juego intenta vender. Para colmo, la IA de los conductores es, en el mejor de los casos, servicial, y las batallas contra jefes al final de cada segmento son muy fáciles si jugamos a lo seguro.

A este calvario se le suma un diseño de pistas difícil de justificar y poco divertido de navegar, con tramos excesivamente angostos, giros demasiado repentinos con columnas de por medio y alguna que otra plataforma que funciona como camino alternativo. Dado que la IA en ocasiones queda rezagada por su lentitud o por la presencia de Wasted (zombis) más robustos o peculiares que explotan o ralentizan los autos, no pasa mucho tiempo antes de que los vehículos enemigos intenten atacarnos incluso a contramano. Honestamente, no sé si esto responde a una falla de diseño o de la IA —lo cual no me sorprendería— o si se trata simplemente de una crueldad intencionada por parte de los desarrolladores.

Si hay un aspecto que se destaca positivamente en Carmageddon: Rogue Shift, ese es su banda sonora. Cuenta con varios temas bastante aceptables que encajan bien con la temática de la franquicia, mayormente compuestos por melodías de heavy metal (e incluso thrash metal), cargadas de riffs de guitarra y doble bombo, intentando llenar el vacío sonoro que deja el resto del juego. Es una lástima que no se haya aprovechado el clásico sensacionalismo de Carmageddon para incluir un comentarista que, al menos, anuncie los checkpoints (como ocurría en Max Damage) o que aporte algo de picante durante los choques y eliminaciones, los cuales de por sí carecen de impacto y emoción.

Las mecánicas roguelite, por su parte, no están mal implementadas. Podemos acceder a Beatcoins al finalizar cada run —haya sido exitoso o no—, los cuales luego sirven para desbloquear nuevos pasivos, perks, autos, armas y otros elementos. El problema es que estamos ante un juego de autos en el que ningún vehículo puede mejorarse mecánicamente más allá de estas bonificaciones pasivas y activas, lo que deja un sabor amargo. Como en todo roguelite, durante las partidas es posible modificar o actualizar el loadout del auto y sus armas, repararlo e incluso participar en una especie de lotería que puede otorgarnos distintos ítems.

Las carreras propiamente dichas se dividen en carreras a muerte (el modo más común), eventos de supervivencia y eventos élite. En algunas ramificaciones del progreso podemos elegir en qué tipo de evento participar, lo que nos permite obtener una mayor cantidad de puntos para esa run o más Beatcoins. Dado que la IA es bastante permisiva, no tuve mayores inconvenientes incluso en los eventos más difíciles. El único verdadero desafío aparece en los eventos élite, donde es obligatorio terminar en primer lugar, mientras que en los de supervivencia debemos resistir durante dos vueltas y llegar a tiempo. En el resto de los eventos, basta con finalizar entre los tres primeros para avanzar a la siguiente ronda.

Dejando de lado el contenido, el apartado gráfico de Carmageddon: Rogue Shift no difiere demasiado del de otros arcades de combate recientes. Sin ir más lejos, si tuviera otro nombre y no incluyera zombis —que sirven para cargar el boost—, probablemente no notaría grandes diferencias. Las ilustraciones que se muestran durante el tutorial y antes de enfrentar a los tres jefes no están nada mal, pero ese mismo estilo artístico nunca termina de reflejarse durante las carreras.

A pesar de utilizar Unreal Engine 5, la fidelidad gráfica dista mucho de ser buena. El juego exhibe un sistema de iluminación muy precario, en el que por momentos la pantalla puede verse completamente negra, con luces demasiado duras y transiciones bruscas que no ayudan en absoluto a la experiencia general. Editando el archivo GameUserSettings.ini y modificando algunas opciones de 3 a 4, noté un incremento en la fidelidad visual, pero acompañado de caídas de FPS frecuentes y un rendimiento general muy inestable.

La optimización tampoco acompaña, sobre todo si consideramos que Carmageddon: Rogue Shift no es precisamente un título visualmente impactante. El ray tracing por hardware parece no aportar prácticamente nada —los reflejos brillan por su ausencia—, por lo que recomiendo no activarlo. Con un Ryzen 7 9850X3D y una GeForce RTX 5070 Ti en 4K, usando el preset Epic sin DLSS, apenas logré mantener los 60 FPS, cuando en realidad debería superar con facilidad los 100 FPS con esta configuración.

Sin mucho más para agregar, Carmageddon: Rogue Shift termina siendo una oportunidad desaprovechada. Si bien la idea de combinar carreras arcade con mecánicas roguelite no es mala en papel y la banda sonora logra sostener mínimamente la identidad de la franquicia, el resultado final está lejos de cumplir con las expectativas. Un manejo poco satisfactorio, un diseño de pistas frustrante, una IA inconsistente y una presentación técnica deficiente convierten la experiencia en un calvario más frecuente de lo deseable.

No es un juego completamente irredimible y hay ideas interesantes que funcionan dentro de los márgenes del género, como cierta variedad de eventos y un sistema de progresión que cumple su cometido. Sin embargo, estos aciertos no alcanzan para compensar una base jugable que nunca termina de consolidarse ni para justificar el regreso de una saga tan emblemática bajo esta interpretación. El resultado es una experiencia irregular, con momentos rescatables, pero incapaz de sostener el interés o el disfrute de manera consistente. Carmageddon: Rogue Shift es un regreso que prometía caos y diversión, pero que termina ofreciendo más castigo que recompensa.

Este review de Carmageddon: Rogue Shift fue realizado con una copia de prensa de PC proporcionada por 34BigThings.

Carmageddon: Rogue Shift - Review
Gameplay50%
Gráficos50%
Música y Sonidos70%
Dificultad50%
Optimización50%
Precio50%
Lo bueno:
  • La banda sonora con melodías metaleras es lo más restacable.
  • Mecánicas roguelite bien implementadas.
  • El gameplay tiene sus momentos cuando se alinean todos los astros.
Lo malo:
  • Loop de gameplay mónotono y poco gratificante.
  • Circuitos mal diseñados, jefes aburridos y fáciles y una batalla final para el olvido.
  • Gráficos y arte general bastante génericos. Pobre optimización.
50%Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Voto)
39%

Sobre El Autor

Editor en Jefe. PR.

Rosario. Santa Fe. Argentina

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