Solo la versatilidad de esta industria que nos apasiona tanto nos permite experimentar situaciones que nunca en nuestras vidas podríamos alcanzar, sea tanto como jugar un partido de futbol de grandes ligas, llegar al espacio, manejar un Ferrari, o jugar a deportes post-modernos, con automóviles como protagonistas. El intento más cercano a este imaginario bizarro lo hizo la ocurrente serie de TV Top Gear, pero los resultados no parecieron demasiado efectivos.

Rocket League está construido en base a una idea y el gran desarrollo de la misma, planteada en su antecesor mod de Unreal Tournament 2004, Supersonic Acrobatic Rocket-Powered Battle Cars -lanzado en 2008-, y dominada en este brillante título. El objetivo es meter la enorme pelota en el arco contrario, apoyados en un exquisito gameplay y algunos condimentos acertados.

El juego anterior no había pegado fuerte en el público, quizá por su vertiginosa velocidad, y su falta de carisma, y por suerte, en este nos encontramos con todo lo contrario.

Así como Unreal Engine 3 marcó lo que sería la estética de un generación entera, dados los miles de títulos que lo utilizaron de sustento, este Rocket League presenta los reglamentarios efectos del ascendente Unreal Engine 4, con sus particulares shaders basados en física y un efecto de iluminación irresistible. Al tratarse de un juego tan simple en cuanto a su propuesta, el estudio Psyonix tuvo el acierto de llenarlo de simpáticos vehículos, unos excelentes modelos para cada uno de ellos, y unos estadios impresionantes, que serían la envidia de cualquier otro juego de deportes. Hasta el efecto del pasto es admirable, y su altísimo nivel de detalle no se interpone en una performance impecable, que hasta en las más tímidas de las PCs se ve y se mueve como ningún otro.

Para no caer en lo genérico de los avatares en los juegos de deportes, la particularidad de tener vehículos como protagonistas se ve profundizada por un sistema de personalización que nos permite elegir entre distintos sets de carrocerías, distintos tipos de ruedas, colores de humo de escape, materiales de pintura, y banderitas de adorno.

Si bien los estadios presentan diferentes características estéticas, hasta con variaciones de luz del día, todo permanece en cuestiones visuales, sin modificar la experiencia en ninguna de las locaciones, justamente, porque no le hace falta. Rocket League está construido quirúrgicamente para que funcione todo el tiempo y nada interfiera con el sólido gameplay construido.

En los controles nos vamos a encontrar con cosas tan simples como acelerar, frenar, saltar y “patear”, y un boost de velocidad que nos permitirá anticipar recepciones del balón. Con ese pequeño catálogo de acciones nos alcanzará para construir nuestra propia actitud dentro de la cancha, para finalmente hacer la diferencia en base a la propia habilidad de cada jugador.

Al contrario de los juegos de deportes tradicionales, y a pesar de haber distintos tipos de vehículos con distintas personalidades impuestas, Rocket League no tiene un sistema de handicap que separe a unos de otros, ofreciendo las mismas oportunidades tanto a jugadores novatos como expertos. Su enfoque está apuntado a la construcción de uno mismo dentro del campo de juego, aprendiendo tácticas y técnicas que nos destacarán, tanto en solitario como en equipo.

Más buenas noticias se suman con la campaña de temporada para un solo jugador y en cooperativo, que no solo nos servirá de práctica para poder enfrentarnos en el surtido modo online, sino que también cuenta con unos bots increíblemente efectivos. Es uno de esos juegos pensados para multiplayer en donde no nos duele aventurarnos en solitario, porque cada uno de los jugadores artificiales sabe exáctamente lo que tiene que hacer, y acompañan a la experiencia como si estuviéramos en compañía de otros humanos.

Vale destacar el espectacular netcode que pudieron lograr para mantener la experiencia intacta, aun con más de 200ms de ping, en el que quizá se empiecen a ver algunos tirones en el movimiento de los otros vehículos, pero no modifica en ningún momento la trayectoria de la pelota, permitiéndonos jugar tranquilamente.

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El condimento adicional -la salsa especial de la casa- es la acertadísima inclusión de la opción de multijugador local a pantalla dividida, que permite tanto la experiencia cooperativa como competitiva, entre dos sentados en el mismo sillón, o combinada con más jugadores que lleguen a través del online. Y que no cunda el pánico, ya que la pantalla se puede partir tanto en vertical como en horizontal, como para que no quede nadie con el gusto amargo de no poder adaptar la experiencia a como más le quede.

En definitiva, Rocket League es uno de esos sabores que nunca nos animamos a probar, asegurando que no nos gustan, pero que se vuelven irresistibles en la primer pasada de nuestro paladar. Es efectivo gracias a su simpleza y cuidado técnico, y es un digno candidato a convertirse en el reemplazante de las noches de PES o FIFA con amigos.

Para quienes busquen de alguna nueva alternativa para pasar el rato, es un juego ideal, pero también lo es para los que son exigentes y competitivos, ya que -como el ajedrez y los Call of Duty- Rocket League es fácil de jugar pero difícil de dominar. Quizá su aspecto amistoso y sus autitos miniatura lo presenten como un concepto casual, fácilmente olvidable, pero nada puede estar más alejado de la realidad. Es, innegablemente, el deporte hardcore del futuro.

Rocket League ha sido analizado con una copia comercial provista por Psyonix.

Rocket League - Review
Gameplay95%
Graficos85%
Sonidos80%
Multiplayer95%
Lo bueno:
  • Ajustadísimo gameplay y estructura de juego
  • Bellísimo apartado audiovisual
  • Excelente netcode permite un online sin frustraciones
Lo malo:
  • Muchos gamers le temen a lo desconocido
  • Falta que reemplace definitivamente a los FIFA y los PES
  • No trae papas fritas ni gaseosa grande
92%Nota Final
Puntuación de los lectores: (16 Votes)
93%