Existe un sub-género en el que es casi imposible fallar. Un sub-género en el cual, si no se pone el esfuerzo en hacer las cosas mal, siempre se puede llegar a tener una gran experiencia. De buena a excelente, pero casi nunca mala. Los metroidvania tienen ese romanticismo que a muchos se les ha perdido, y es por eso que siempre hay uno nuevo que nos vuelve a enamorar, y el caso con Outlands también se extiende hasta la originalidad en el uso de mecánicas conocidas, haciéndolo un poco más especial que el resto de sus pares.

Outland, en su versión de PC, sufre de la mala suerte de haber salido después que Guacamelee, aunque originalmente haya tenido un lanzamiento previo. Mala suerte porque su humildad estética y poca parafernalia marketinera han sido opacadas por el brillante y despampanante juego de Drinkbox, aunque esto no significa que sea una experiencia peor, sino diferente.

En este fantástico metroidvania de Housmarque, respaldado por la gigante Ubisoft, somos testigos de cómo un hombre atormentado por sus sueños decide buscar ayuda en la sabiduria de un chaman, que lo ubica en una historia de 30,000 años, en donde un heroe legendario se enfrenta a las Hermanas del Caos, de las cuales obtiene el poder del Sol y el poder de la Oscuridad. Esto genera un cruce de planos astrales entre el atormentado hombre, los lugares de su mundo, el heroe y las Hermanas del Caos, resultando en una aventura de estética minimalista con influencias de arte centroamericano.

Gracias a este trasfondo esotérico e interesante, Outland se convierte en una cruza entre un plataformero con características de acción melee, y genética de Ikaruga… si, Ikaruga. Toda la historia de los poderes del Sol y la Oscuridad justifican la mecánica de ir alternando entre estas dos versiones de uno mismo para recibir -o dejar de recibir- daño de ciertos tipos de enemigos y ataques.

Al igual que el famoso bullet hell shmup de Dreamcast, cuando ponemos a nuestro personaje en rojo (poder del Sol), no lo dañarán los disparos de ese color, y cuando lo ponemos en azul (poder de Oscuridad), no lo dañarán los disparos de ese otro color. Así mismo, tampoco podrá infligir daño sobre los compartan el mismo color.

Pero aunque parezca tan simple, este interesante planteo está ejecutado de una manera excepcional, que -siempre utilizando esos recursos- se convierte en algo más y más complejo, casi al punto de un shmup. El concepto central de la aventura está apuntado a resolver puzzles de entorno, gracias a esta mecánica zigzagueante. Utilizando el siempre util walljump, manejando los tiempos de cambios, aprovechando los puntos débiles de los patrones de ataque, siempre tendremos que apelar a la lógica y el cálculo de trayectorias para resolver pequeños pedazos de mapa y así seguir avanzando.

También, como todo juego de esta clase, deberemos recorrer de punta a punta cada uno de los mapas, para conseguir alguna nueva habilidad, destrabar alguna puerta o encontrar alguno de los secretos, para poder ir hasta la otra punta y encontrar una salida, o enfrentarnos al jefe de nivel. Nuestro heroe también cuenta con una espada para atacar a todos los seres que aparecen a enfrentarlo, pero a pesar de necesitar atacar obligatoriamente a los bosses, no hace falta siempre entrar en combate. Muchas veces se puede seguir sin siquiera molestar a los enemigos.

Tan acertado como errado, el juego cuenta con un divertidísimo modo cooperativo online, pero no hay un modo que sirva para sentarnos con un amigo a disfrutar de la misma aventura en una misma pantalla. Seguramente se deba a una difícil adaptación de cámara, culpa de la vertiginosa acción, pero no justifica del todo su ausencia. Hasta existen algunas áreas especialmente diseñadas para resolver con un compañero -a las que no se puede acceder en solitario-, lo cual extiende mucho más el desafío y la aplicación de las interesantes mecánicas.

El viaje de este mítico héroe nos lleva por áreas que varían entre la naturaleza, impresionantes bosques, y la ciudad, con sus formas más sólidas y poco expresivas, pero lamentablemente,  a causa de las decisiones minimalistas del apartado artístico, nunca presentan novedades más allá de los primeros minutos de juego. El aspecto monótono de siluetas negras y fondos de un solo color hacen que perdamos la percepción de estar en un lugar u otro, reconociéndolos solamente cuando vemos los títulos en las pantallas de carga.

Al aspecto sonoro le toca el mismo veredicto a causa de su poco ímpetu, conformándose con solo ser un elemento más de la experiencia, sin buscar destacar en ningún momento. Melodías muy suaves y sonidos genéricos son todo lo que vamos a obtener en este viaje, y a pesar de no estar del todo mal, tampoco brillan en ninguna situación.

Definitivamente, a Outland no lo dejó muy bien parado el paso del tiempo, sobre todo en la comparación con juegos del mismo estilo, pero eso no quita que sea brillante y divertido. En su momento, sus distintos aspectos técnicos habrían -como mínimo- alcanzado para brillar pero con este lanzamiento de última hora, se ve obligado a enfrentarse a otros títulos importantes como Guacamelee! o el nuevo Strider, que le hacen un poco de sombra, aunque la vuelta de tuerca de gameplay sea única y es algo que no se encuentra en otro lugar. Es un lindo juego para tener, pero nada que vaya a sorprender a nadie a esta altura del partido.

Outland - Review
Gameplay90%
Graficos70%
Sonidos y música60%
Lo bueno:
  • Gameplay original y divertido
  • Amplios niveles con mucho backtracking
Lo malo:
  • Sonidos monótonos
  • Gráficos minimalistas repetitivos
  • Lanzamiento tardío en la plataforma
75%Nota Final
Puntuación de los lectores: (5 Voto)
67%

Sobre El Autor

Edición y redacción. Diseño.

Temperley. Buenos Aires. Argentina

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