[NSW2] Animal Crossing: New Horizons – Review Kevon 02/02/2026 Game Reviews Si hay algún género de videojuegos que nunca probé es este. Yo soy más de los juegos frenéticos, rápidos, con historia o ejecución desafiante. Es por eso que cuando me enteré de la salida de esta nueva versión de Animal Crossing: New Horizons —el juego que ayudó a muchísima gente en la pandemia— me dije a mí mismo: “es hora de ver por qué es tan querido”. Después de unas buenas horas puedo asegurar, ahora con motivo, que este género está lejos de ser mi favorito, pero también puedo entender perfectamente por qué es tan exitoso y querido. Acá nadie te va a correr, no vas a luchar contra el tiempo, no hay trama alguna y tu objetivo principal ni siquiera se toma a sí mismo como “objetivo principal”, sino como un punto al que se puede llegar —o no— sin impedir el disfrute del juego. Todo avanza a tu propio ritmo, sin presiones externas. Para quien no sepa de qué va, Animal Crossing es uno de los famosos cozy games que tanto vemos hoy en día: simulación social, customización, decoración de interiores y exteriores, distintos vestuarios y una experiencia pensada para relajar. Comenzamos la aventura con la llegada de nuestro personaje a una isla prácticamente desierta. Está llena de flora y fauna, pero solo cuenta con un par de habitantes y algunas carpas. Todavía no existe un pueblo como tal ni construcciones interesantes, y el entorno se siente más como un lienzo en blanco que como un lugar terminado. Esa sensación inicial es clave para entender el progreso lento y gradual que propone el juego desde el primer momento. Los primeros objetivos, que funcionan como tutoriales, están muy bien diseñados para que el jugador entienda qué dinámicas vamos a explorar para progresar y, sobre todo, qué tiempos se van a manejar. Aprendemos las tareas básicas para explorar, como la construcción de herramientas (caña de pescar, hacha, red para insectos, etc.). También nos enseñan a vender objetos, comprar muebles y administrar una deuda que, cada vez que se paga, nos otorga una mejora de espacio para nuestro hogar. Este sistema conforma el loop principal, aunque está lejos de ser lo único importante. Como mencioné antes, los objetivos principales no son necesariamente lo que vamos a querer priorizar a la hora de jugar. Lo verdaderamente divertido está en la construcción y decoración, y en la libre expresión al momento de formar nuestra comunidad. Interactuar constantemente con los aldeanos tiene consecuencias a corto y largo plazo, algo que se nota tanto en sus diálogos como en sus comportamientos. El juego premia la constancia y la convivencia más que la eficiencia. Podemos hacerles regalos —que pueden gustarles o no—, hablarles varias veces durante el día, invitarlos a compartir momentos y mucho más. También existe la posibilidad de ignorarlos o molestarlos para que se vayan de la isla y así liberar espacio para un nuevo vecino. El total de aldeanos disponibles es nada más ni nada menos que 417, todos con diseños únicos y personalidades bien marcadas. De ese total, en nuestro pueblo solo podemos convivir con 10 al mismo tiempo, lo que hace que cada decisión tenga cierto peso. A la hora de construir, obviamente empezamos con lo más básico y necesario. De hecho, van a pasar varias horas hasta que podamos hacer algo remotamente parecido a un pueblo como tal. Con el tiempo comienzan a aparecer las cercas, los puentes y las herramientas para modificar el terreno, ampliando cada vez más las posibilidades. El crecimiento es lento pero constante, y cada mejora se siente como un pequeño logro personal. Lo mismo ocurre con las construcciones: comenzamos con carpas y, con el tiempo, aparecen las casas, las tiendas, el museo y otros edificios importantes. Uno de los sistemas más divertidos es el de los tiles, que nos permite crear pisos, atuendos y diseños personalizados. Contamos con una cuadrícula que podemos pintar píxel por píxel para lograr prácticamente cualquier diseño, desde pisos de madera hasta baldosas de cerámica o patrones más elaborados. Estos diseños pueden aplicarse a la ropa, al piso —tanto dentro de la casa como en el exterior— y también a las paredes. Esto abre un abanico enorme de posibilidades creativas. Para quienes no tengan paciencia o habilidad para dibujar, el juego ofrece una solución sencilla: si contamos con el online de Nintendo, podemos descargar patterns creados por otros jugadores y usarlos libremente en nuestra isla. Animal Crossing, siempre y cuando estemos jugando en solitario, utiliza de forma muy marcada el paso del tiempo real. Las frutas de los árboles crecen cada cierta cantidad de horas, los aldeanos cambian sus rutinas y diálogos según el momento del día, y los insectos disponibles varían entre el día y la noche. Esta sincronización con la vida real es una de las mecánicas más distintivas del juego. En términos simples, el juego busca que tengamos sesiones cortas a lo largo de muchos días consecutivos. Esto no solo refuerza la inmersión, sino que también genera expectativa cada vez que volvemos a entrar. Preguntas como “¿qué muebles habrá hoy?” o “¿vendrá alguien nuevo a la isla?” aparecen de forma natural día a día. Esa curiosidad constante es parte fundamental del encanto de la experiencia. Si bien este sistema puede recordar a lo que ofrecen los gachas o algunos juegos con modelo freemium, en Animal Crossing se siente mucho más natural y satisfactorio. Todo está íntimamente ligado al diseño general del producto y no a una monetización agresiva. El progreso es lento y espaciado, pero de una buena manera. La idea es ver crecer al pueblo y desarrollar vínculos con el tiempo, sin apuro ni presión externa. ¿Se puede avanzar rápido? Sí, basta con modificar la hora de la consola para hacerle creer al juego que pasó cierta cantidad de días, pero no es algo que recomiende. El progreso está pensado para ser gradual, y muchas de las tareas diarias son repetitivas, como en la vida real. Alterar el reloj rompe un poco la intención original de la experiencia. Para ganar Bells, el dinero del juego, tenemos que vender objetos que reaparecen cada cierta cantidad de tiempo. Pescar, cazar insectos y cavar fósiles va a ser lo que más hagamos durante, como mínimo, las primeras 20 horas. Estas actividades están diseñadas para resolverse en sesiones cortas, de unos 15 minutos, y no para largas maratones de juego. Se puede exprimir un poco más cada sesión pescando o cazando insectos sin tocar el reloj, pero no es lo más entretenido que el juego tiene para ofrecer. Está claramente pensado para jugar un poco todos los días, y esa es la mejor forma de disfrutarlo y de evitar que se vuelva repetitivo. Todo lo mencionado hasta ahora aplica principalmente cuando jugamos solos. En el modo online, el ritmo puede acelerarse de forma considerable. No solo porque podemos encontrar recursos que en nuestra isla ya se agotaron, sino porque la hiperconectividad actual permite visitar islas que funcionan como auténticas fábricas de dinero. Existen islas creadas por jugadores con miles de horas encima, optimizadas al extremo, a las que cualquiera puede viajar y volverse millonario en cuestión de minutos. Una vez más, los objetivos los define el jugador. No está mal aprovechar esto si alguien quiere enfocarse únicamente en construir y decorar, pero claramente no es la forma en la que el juego fue pensado originalmente. Queda completamente en manos del jugador decidir qué islas visitar y hasta qué punto quiere beneficiarse de ello, y es positivo que esa libertad exista. También podemos visitar las islas de amigos simplemente para ver sus pueblos y compartir la experiencia, que es el uso más genuino del multijugador. El juego incluye un modo Cámara que permite capturar buenos ángulos de los distintos entornos y posar junto a otros jugadores. El principal punto negativo es que requiere una suscripción activa al online de Nintendo. Sin ella, solo podemos visitar islas aleatorias bastante básicas, que ofrecen pocas cosas distintas a las nuestras, y además requieren el uso de una moneda alternativa que no es fácil de conseguir. Como indica el título, esta es la versión de Switch 2 de Animal Crossing: New Horizons. El original salió en 2020 para la primera Switch y, como ocurre con otras Switch 2 Editions, esta versión incluye mejoras y funciones exclusivas de la nueva consola. Entre ellas encontramos resolución de hasta 4K en modo dock, la posibilidad de usar el modo mouse de los Joy-Con para diseñar tiles y una nueva herramienta, un megáfono, que utiliza el micrófono incorporado de la consola. También hay tiempos de carga más rápidos y salas multijugador que ahora soportan hasta 12 jugadores en simultáneo, en lugar de 8. Si bien visual y sonoramente es una franquicia muy reconocible por su estilo artístico, es una lástima que no se haya aumentado el framerate en esta nueva versión. A diferencia de otros relanzamientos de Switch, el juego sigue funcionando a un máximo de 30 FPS, independientemente de la resolución. Esto no se debe a una limitación de hardware, sino a cómo fue diseñado el juego. Todo indica que muchos de sus sistemas están directamente vinculados a los cuadros por segundo del hardware original. Es algo poco común en juegos modernos y que, en este caso, parece difícil de modificar sin afectar el funcionamiento general. En conclusión, Animal Crossing: New Horizons es un muy buen juego para un público específico. No es una experiencia para jugar apurado, no hay competencia y los propios personajes se encargan de recordarnos constantemente que no existe un objetivo fijo ni un límite de tiempo. Es una propuesta acogedora en la que, por más cursi que suene, el único límite es la imaginación. Basta con buscar pueblos decorados en internet para ver las cosas increíbles que se pueden lograr con tiempo y dedicación. Las distintas personalidades de los aldeanos y sus diálogos aportan mucha variedad al día a día, y las opciones de customización son más que suficientes para crear el pueblo soñado. Es completamente entendible por qué el juego es tan querido y por qué fue tan exitoso. Pocos títulos logran ser tan coherentes y efectivos en lo que buscan ofrecer. Esta versión es superior a la de Switch 1, pero no propone una experiencia radicalmente distinta, algo que también ocurre con otros relanzamientos. El paquete de mejora para quienes ya tienen el juego cuesta AR$6.999, un precio bastante razonable considerando los cambios. El juego completo, en cambio, cuesta AR$92.999, lo que para ser un relanzamiento de un título de hace seis años se siente un poco elevado. Este review de Switch 2 de Animal Crossing: New Horizons fue realizado con una copia de prensa proporcionada por Nintendo. [NSW2] Animal Crossing: New Horizons - ReviewGameplay90%Rejugabilidad85%Gráficos70%Música y Sonidos70%Optimización60%Precio70%Lo bueno:Gameplay muy pulidoMuchísima variedad de aldeanosEl modo multiplayer abre un montón de opciones de avanceLo malo:El modo multiplayer exige tener una suscripción al online.No supera los 30 FPS.Precio un poco elevado para ser un juego del 2020 sin muchos cambios.2026-02-0280%Nota FinalPuntuación de los lectores: (0 Voto)0%Comparte esto: Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads Compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram Compartir en LinkedIn (Se abre en una ventana nueva) LinkedIn Compartir en Reddit (Se abre en una ventana nueva) Reddit Enviar un enlace a un amigo por correo electrónico (Se abre en una ventana nueva) Correo electrónico Dejar una respuestaCancelar respuesta