La historia ha demostrado -en más de una ocasión- que nunca ha sido fácil imitar la magia construída por la serie Left 4 Dead. En los papeles parece simple: Se meten cuatro personajes a jugar en cooperativo a través de intrincados mapas, se los llena de minions con la ocasional presencia de algún enemigo especial, y se pone un objetivo a cumplir. Pero eso no es lo único que construye a esa particular experiencia, sino que hay elementos menos perceptibles que son absolutamente necesarios, y no todos los émulos logran encontrar.

Por suerte Fatshark supo mirar bien y tranquilamente se podría decir que End Times – Warhammer: Vermintide es como el sucesor que tomó la posta para seguir adelante. Gracias al éxito de aquel título, el estudio pudo incursionar en una continuación, que no solo retoma este lado del oscuro universo original de Warhammer, sino que ha servido de oportunidad para revisar mecánicas y diseños de aquella primera entrega.

Esta vez no solo deberemos enfrentar a los ejércitos de ratas humanoides Skaven, sino que se suman a la alianza los clásicos y despiadados humanos bárbaros de la Horda del Caos, variando un poco más la experiencia del gameplay hacia nuevos rumbos: Mientras que los skaven saben tirarse de cabeza contra nuestros héroes, para ver quién muere primero, los Caos saben ofrecer combates más duros, con armadura y movimientos de defensa, y golpes más certeros y dañinos.

Esta nueva variante hace que el sistema de bloqueo y parry que nos ofrece el juego sea mucho más interesante que en la primer entrega, pudiendo salir airosos de un enfrentamiento imposible de ganar, para volver a tener segundas oportunidades, pero no es un truco del que se puede abusar, ya que en otra gran parte de ocasiones, es prácticamente inútil resistirse, obligando a esquivar hacia los laterales o simplemente salir corriendo.

El catálogo de héroes se vuelve a repetir con los mismos integrantes de la primera entrega, y cada uno repite el mismo set de movimientos y habilidades especiales, pero dada la profundidad del sistema de personalización, ahora soportado por un muy mejorado apartado de loot y recompensas, no se tarda demasiado en empezar a convertir a nuestro héroe en algo más ajustado a nuestros requisitos.

Otra de las mejoras es que ahora cada héroe ofrece 15 diferentes caminos de especialización, que sumados a los tantos movimientos diferentes que incorpora cada nuevo estilo de arma, hacen que este sea prácticamente una reducción lineal de cualquier RPG masivo moderno. El sistema de drops y recompensas por misión ha sido modificado considerablemente para que no haya que grindear como desquiciados para poder empezar a construir una clase personalizada, ya que rápidamente ofrece armamento e items que permiten una incursión rápida en el apartado de rol.

Pero quizá la estrella de esta nueva entrega sean los enormes cambios en el diseño de niveles. Si bien las modificaciones de gameplay plantean ritmos más ajustados y un gameplay con mucho más dinamismo, es el aporte de los campos y callejones de esta provincia los que hacen que la experiencia escale a nuevas alturas, gracias a una variabilidad enorme que propone la constante rejugabilidad.

Por un lado tenemos arenas de una amplitud total, en donde podemos ver a los enemigos acercarse a cientos de metros, permitiendo calcular una estrategia y reaccionar de acuerdo al tipo de villano que nos enfrenta. Esto también abre la puerta a que el motor que mueve a toda esta estructura presente decenas de modelos a la vez, ofreciendo momentos realmente vertiginosos y escalofriantes, donde a capa y espada deberemos hacernos camino entre las carnes de humanos y ratas gigantes.

En los momentos de pasadizos y callejones, Vermintide 2 no solo vuelve a recurrir a mareas de mutantes kamikaze, sino que además eleva la apuesta con jefes de nivel complejos, muy diferentes a los del anterior juego. En este caso, cada monstruo gigante viene acompañado de un set de movimientos particular, una vulnerabilidad determinada, y acompañantes genéricos que complican más la situación. La primera impresión obliga a compararlos con el Tank de la serie de Valve, pero Fatshark no se ha conformado con copiar, sino más bien apostar a un cambio, y cada uno de estos bichos requiere de un poco más que de saber esquivar piedrazos y atacar de lejos. En muchos casos, llegan en los lugares más incómodos de estos viajes, como para que no sea tan fácil la escapatoria, pero además suelen tener la posibilidad de arrinconar a un equip entero sin lugar a zafarse con incansables saltos y algún glitch de físicas en una pared. Todo requiere de planeamiento, y sobre todo, de saber aprovechar las características únicas del personaje que estamos desarrollando.

También es esencial pensar en equipo a la otra de elegir habilidades, ya que es fundamental complementar a los de soporte con los de mayor ataque, si realmente se quiere llegar a buen puerto y tener una experiencia generalmente satisfactoria.

Aparte de ser un gran juego, ofreciendo cientos de horas de diversión, Vermintide 2 es una fiesta audiovisual como pocas. Si ya el primero contaba con unos modelos de personaje, detalles de entorno y desenfoque de movimiento fuera de serie, este realmente es de otra generación. Para este juego, Fatshark volvió a exprimir a fondo al espectacular motor Autodesk Stingray, que definitivamente ofrece soluciones de próxima generación. Cada cuadro de este mundo es digno de un wallpaper, y cuando se lo ve en movimiento, pudiendo ser testigos del sistema de físicas y el sistema de luces dinámicas en todo su esplendor, realmente da gusto poder jugarlo al máximo en nuestras computadoras.

Cada mapa hace alarde de esta tecnología mezclando entornos naturales con construcciones de roca, madera y hierro, estilo medieval, ofreciendo una oclusión ambiental brillante, reflejos de espacio en pantalla, iluminación global, y un sinfin de materiales generados en base a físicas reales.

El aspecto sonoro también ha recibido lo suyo, y si bien no se aprecia de buenas a primeras -en parte porque ya el Vermintide original tenía un apartado sonoro excelente-, ha recibido ajustes en el posicionamiento y la oclusión, seguramente gracias a nuevas posibilidades técnicas del motor. Una vez más, la música viene de la mano del inigualable Jesper Kyd (Assassin’s Creed, Darksiders II), lo cual da una garantía absoluta de calidad y ambientación.

En definitiva, Warhammer: Vermintinde 2 es una digna continuación y un gran ejemplar del subgénero de los juegos de acción cooperativos. Todo lo propuesto por el primero es respaldado por acertadas mejoras a diferentes niveles, y si bien puede resultar monótono para el público menos acostumbrado a este tipo de propuestas, para el que tiene una insaciable sed de esta fórmula, es un paquete completo, digno sucesor de la serie de zombies que todos supimos amar. A no perderlo de vista que -por su precio reducido- es un imperdible para el grupo de amigos.

Este review fue realizado con copias de prensa proporcionada por el estudio Fatshark.

Warhammer: Vermintide 2 - Review
Gameplay90%
Gráficos95%
Música y Sonidos90%
Multiplayer90%
Lo bueno:
  • Mejora toda la fórmula original
  • Excelente apartado audiovisual
  • Enorme rejugabilidad a un precio reducido
Lo malo:
  • Algunos bugs de físicas
92%Nota Final
Puntuación de los lectores: (3 Voto)
90%

Sobre El Autor

Edición y redacción. Diseño.

Temperley. Buenos Aires. Argentina

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