Antes que nada, antes de empezar a escarbar en el entreverado de esta nueva propuesta del universo Wolfenstein, lo primero que hay que establecer con claridad, a la hora de encarar este medianamente esperado Wolfenstein: Youngblood, es que – sin enmascararlo de ninguna manera – Machinegames explícitamente se dedicó a desarrollar y comercializar un spin-off de la serie principal de su aclamado reboot de la franquicia. Esto significa que Youngblood no es parte de la trilogía planeada originalmente para el legendario B.J. Blazkowicz, sino que adopta lo más básico del núcleo central de su concepto general para contar una historia que está indirectamente relacionada con la trama más íntima de la serie.

Una vez dejado en claro todo eso, se puede apreciar desde una perspectiva diferente la decisión de elegir a las dos futuras hijas de B.J. (futuras tomando como referencia los años 60s del último juego) como protagonistas de esta historia; o los cambios fundamentales en el ritmo del gameplay; o el mapa de mundo semi-abierto con pequeños pases de narrativa; o la trama distendida y de ligeros toques de humor que acompañan a estas dos gemelas que se niegan a abandonar la adolescencia; o un montón de otras cosas que parecen no encajar en las expectativas del público.

Y es que Machinegames ha salido a experimentar, y en cierto modo plantea el debate sobre cómo debería encararse un spin-off para que se sienta como parte del mismo universo sin perder la sintonía con la parte principal de la serie.

Solo basta con revisar aquel esporádico Wolfenstein: The Old Blood para no perdernos en la bruma y el ruido de una turba iracunda que no parece acomodarse a pequeños agites en el status quo de sus amadas franquicias.

Para el que no lo jugó, este pequeño párrafo tendrá algunos spoilers importantes de The Old Blood:

Aquel interesante spin-off – también de precio reducido – nos metía en medio del inicio de la conquista nazi en los años 40, pero no se conformaba con expandir lo contado por The New Order, sino que – aprovechando la libertad de no pertenecer a la trilogía – el estudio lo apuntó a homenajear el lado sobrenatural que tuvo la serie en distintas etapas de su existencia, como en el reboot de 2010 o en el aclamado Return to Castle Wolfenstein. ¿Y eso como termina? Con zombies y un monstruoso titan atacándonos dentro de una caverna.

Fin de los spoilers.

Youngblood ni siquiera se atreve a tanto. Youngblood es un juego consciente del momento de esta industria signada por el éxito de Fortnite y la insaciable máquina de picar carne que todos los días ofrece una nueva experiencia en la que sumergirse, conquistando las horas de otro juego que a la semana ya se puso viejo, por lo que adopta ciertos sistemas de gameplay que en cierto modo recuerdan a estos modernos éxitos.

Como bien fue determinado desde su anuncio, Youngblood es un juego totalmente apuntado al juego en cooperativo, por lo que todos sus aspectos han sido adaptados para que exista cierta interacción directa y rápida con el otro jugador. El elemento más fundamental de esta idea son los gestos “pep” – o motivadores, en cierto modo – que, dependiendo de cual lleve cada uno de los jugadores, ofrecerá un “buff” determinado para el equipo. Hay los que levantan 25 puntos de armadura, los que dan 25 puntos de salud, los que multiplican el daño durante 5 segundos, y los que dan invencibilidad también temporal. La lista es bastante completa y la mecánica es un diferencial bastante interesante para un juego cooperativo.

Para poder ejecutar estos movimientos deberemos cargar una barra dedicada, y el cooldown está lo suficientemente ajustado para que no se abuse del sistema, por lo que hay que aprovecharlos de forma estratégica.

El diseño de niveles también hace su parte para conjugar esta fórmula, complementando la experiencia simil looter shooter que nos brinda munición e ítems a cada paso. Quizá esto sea lo más chocante para un amante de la serie, ya que la idea de controlar a dos super soldados con trajes potenciados se aleja aún más del realismo al tener munición de sobra para destrozar a las hordas de soldados nazi que no paran de spawnear.

La fórmula es simple: los niveles son claustrofóbicas calles y alcantarillas parisinas tomadas por el nazismo, donde armamento, vehículos de asalto, y enormes robots de combate son cosa de todos los días. Cabe destacar que el trabajo de Arkane en su aporte del diseño de niveles parece flojo al principio, pero realmente explota a medida que vamos desbloqueando el mapa semi abierto, donde nos encontramos con recovecos de todo estilo, caminos alternativos y verticalidad por donde se lo mire, para poder aprovechar el doble salto que tenemos desde el primer momento.

Por eso este juego parece un híbrido entre un Crysis y un Borderlands, acompañado de la maravillosa estética de la serie, pero alejándose de los Wolfenstein de Terror Billy, y quizá eso es algo difícil de entender a simple vista. Wolfenstein: Youngblood es una fiesta del gameplay de acción, al nivel de lo que fue Doom 2016 y lo que promete el próximo Eternal. Es un juego que no está pensado para ser realista o mínimamente entreverado, sino que todo es funcional a la inacabable experiencia de destrozar enemigos con interminables rondas de munición, bien al estilo arcade que a veces tanta falta nos hace.

Para sustentar el concepto, Machinegames también ha incorporado algunos pequeños cambios en la forma en que los enemigos nos van a enfrentar. En primer lugar, y teniendo en cuenta que en los años 80s el nazismo debería estar mucho más desarrollado tecnológicamente que en los 60s, muchos de los soldados cuentan con diferentes niveles de armadura, y hay muchos personajes robóticos que también ofrecen diferentes resistencias, pasando por humanoides que corren y se teletransportan, hasta unos tipo perros de diferentes tamaños que sirven diferentes propósitos, lo que nos obliga a subir de nivel las armas, alternar entre ellas (ya que cuentan con indicadores de penetración para diferentes enemigos) y hasta tener en cuenta una de las nuevas mecánicas incluidas para la serie, que es la de los puntos débiles.

Si bien en juegos anteriores sabíamos que un tiro en la cabeza valía más que uno en el pecho, y que había forma de desprender ciertas armaduras para vulnerar a los acorazados, en Youngblood hay un sistema específico que permite acabar con los enemigos de una manera más rápida que al inundarlos de balas – porque realmente se tratan de esponjas que no se inmutan de otra manera. Por ejemplo, para esta ocasión, los panzerhunds tienen dos puntos débiles en sus laterales, que al atacarlos explotan y neutralizan momentáneamente al enemigo. En el caso de los supersoldaten, que suelen venir con un par de armas de alto calibre como ametralladoras, lanzagranadas y lásers, se les puede atacar los brazos para que se les caigan y así evitar parte de sus ataques. Hay muchas capas en estas mecánicas a las que también se suman una especie de daños elementales que tienen mayor efectividad, y la verdad que amplían mucho más los combates.

Es difícil, teniendo todo esto, ver a Youngblood como un mal juego, pero se entiende que – una vez sentadas las bases de la serie principal – este se sienta como inacabado, apurado, o simplemente de menor calibre que los otros, y la verdad es que lo es. El concepto general ha sido encauzado hacia una jugabilidad ligera y rápida, absolutamente casual, para poder unirnos a un amigo para acabar con cientos de nazis.

Esto por si mismo no sería malo si el juego no ofreciera un diferencial extra para recordarnos que hay algo más que experimentar entre tanta sangre y explosión, pero ahí es donde se queda más corto Youngblood, que bien podría ser un mod complejo de los otros juegos – algo por lo que las empresas luchan para impedir que suceda, para luego vendernos estas cosas.

De alguna forma, lo único que aporta a la serie es una pequeña expansión al contexto general de la familia Blazkowizc, y suma un par de sorpresas a la trama que en cierto modo prometen detallarse en la última entrega de la trilogía principal, lo cual es algo que definitivamente queremos ver.

Gráficamente brilla. Paris ha sido desarrollada con credibilidad y estilo para sumarle la influencia nazi posmoderna a la Ciudad de la Luz, y aunque estamos frente a una zona de combate totalmente diezmada por el poderío militar de estos grupos, se puede percibir la personalidad inigualable de esta gran ciudad. Hay detalle en cada uno de sus rincones, y como lo ha probado más de una vez, las últimas iteraciones de idTech no paran de deslumbrar con su excelente iluminación y efectos de partículas que en ningún momento se entrometen con una excelente performance que hasta parece estar más optimizado que hace un par de años.

Wolfenstein: Youngblood es lindo visualmente, es divertido y práctico, pero definitivamente fue planeado para cumplir con el recordatorio anual de que esta franquicia existe, y eso solo puede terminar de la peor manera, que es la misma que sufrimos con los lanzamientos anuales de los FIFA o los últimos Call of Duty. Por el momento, no hay que pensar que Wolfenstein se ha ido al tacho, pero si hay que tener en claro dónde Machinegames va a hacer sus apuestas más fuertes y dónde va a cumplir para obtener un rédito extra del gran trabajo que hacen en sus proyectos más grandes.

Youngblood es solo para el que quiere más Wolfenstein o para esos grandes obsesivos que quieren pasarse horas recolectando ítems con sus amigos para llevar al máximo a sus personajes, y no es lo peor de la serie, sino que es lo suficientemente diferente como para haberse podido llamar de otra forma.

Este review fue realizado con una copia de prensa proporcionada por Bethesda/Arkane Studios.

Wolfenstein: Youngblood - Review
Historia75%
Gameplay85%
Gráficos85%
Música y Sonidos80%
Lo bueno:
  • Horas de rejugabilidad cooperativa
  • Gameplay ajustadísimo de alta velocidad
  • Más aporte a este excelente universo
Lo malo:
  • Se siente liviano y muy diferente a los demás
  • Le falta un diferencial para destacarse
78%Nota Final
Puntaje De Lectores: (19 Votos)
6%