Actualizamos nuestra reseña de Pathfinder: Kingmaker para tener en cuenta las mejoras introducidas hasta la versión 1.2.0. Luego de la siguiente sección, encontrarán el texto original de la reseña publicada con anterioridad.

Pathfinder: Kingmaker es mi juego favorito de 2018. Al cual le he dedicado más de 200 horas según Steam, una cantidad de tiempo que raramente le dedico a un juego en estos tiempos que corren. Pero, como habíamos concluido al publicar nuestra reseña original en octubre pasado, Kingmaker fue un juego con severos problemas en su lanzamiento. Afortunadamente, cuatro meses después, podemos traerles una serie de buenas noticias.

La primera de estas buenas noticias es el estado 100% jugable de Pathfinder: Kingmaker en su versión 1.2.0. Los severos problemas de lógica en los episodios finales han sido corregidos, y ahora es posible finalizar el juego sin mayores sobresaltos. Además, se han oficiado toda una serie de pequeñas mejoras de calidad de vida que ayudan a enmascarar algunos de los elementos más frustrantes del juego, en especial en lo referido a la gestión del reino. También se han mejorado significativamente los tiempos de carga y el rendimiento general del producto.

La segunda de estas buenas noticias es que Owlcat Games se ha revelado como un estudio capaz de escuchar a su base de usuarios y oficiar mejoras surgidas de sugerencias y reclamos por parte de los propios jugadores de Kingmaker. El sistema de combate se siente mucho más pulido, los picos de dificultad han sido mayormente eliminados, y la ya nutrida y versátil capacidad de este juego para configurarse al gusto de cada jugador no ha hecho más que mejorar más y más. También ha llegado el primer DLC: “The Wildcards”, que agrega un nuevo personaje compañero, una nueva clase y una nueva raza al título.

La tercera de estas buenas noticias es que ahora, a diferencia de lo ocurrido en octubre, puedo ofrecerles una reseña que cubra los episodios finales del juego y la aventura en su totalidad. Con esta experiencia a cuestas, no me quedan dudas de que Pathfinder: Kingmaker es el cRPG más épico, rejugable, comprensivo e interesante de los últimos años, solo superado, tal vez, por el excelente Divinity: Original Sin 2.

La gran fortaleza de Kingmaker surge de su excelente estructura de juego, que quedaba algo disimulada y truncada bajo la avalancha de bugs que sufrió el juego en su lanzamiento. Cada capítulo de Kingmaker (son siete en total, o más bien seis y un epilogo) se siente como una campaña en un juego de rol de mesa. Y al ponerlos unos sobre otros, el juego nos plantea un viaje épico en el que comenzarnos luchando contra Kobolds y Trolls, para acabar desafiando a los seres míticos que habitan en mundos paralelos y poseen poderes que desafían el entendimiento humano.

Otro elemento que gana fuerza gracias al estado más estable de juego es la narrativa. Como ya habíamos mencionado en un primer instante, Kingmaker no es el juego más original en cuanto a ambientación y líneas argumentales. Pero esta caída en lugares comunes se ve disimulada gracias a una historia central con antagonistas interesantes y que hasta se anima a hacer algunas cosas inesperadas con nuestros personajes compañeros. Compañeros que, al final del día, terminaron por convencerme gracias a la resolución de sus historias personales, escondidas bajo la muralla de bugs en el lanzamiento original.

Pero el elemento más logrado de Kingmaker surge de la elegancia de sus sistemas. La adaptación de las reglas del juego de rol de mesa al formato digital es fantástica, y ofrece un menú de opciones que sin dudas hará las delicias de los aficionados a este estilo de juegos. Kingmaker nos brinda la posibilidad de crear el personaje que se nos ocurra, con una variedad enorme de clases, razas, alineamientos, características, habilidades y demás. No hace falta decir que las posibilidades que ofrece el título son abundantes, y vamos a encontrar muchos elementos que cambian y se transforman de acuerdo a la naturaleza de nuestro personaje y las decisiones que tomemos.

No todos son rosas, sin embargo, y aún persisten algunos problemas. Todavía quedan una infinidad de bugs menores por cubrir y algunas clases necesitan urgente un rebalanceo. Sigue habiendo clases extremadamente poderosas, como el Druida o el Viviseccionista, mientras que otras clases no se sienten tan útiles, en especial en niveles elevados de dificultad. Por otro lado, el juego puede seguir sintiéndose extremadamente opaco para aquellos jugadores no versados en las reglas de Pathfinder, o bien D&D 3.5. Y algunos elementos, como la gestión del reino, están a la espera de un tutorial más acabado y didáctico.

Pero estos problemas menores ya no pueden empañar la realidad: Owlcat Games ha creado una joya moderna. Pathfinder Kingmaker es el verdadero sucesor espiritual del legendario Baldur’s Gate II, y se acerca mucho más a ese clásico que las producciones de estudios como Larian u Obsidian. El puntaje final actualizado en esta reseña no puede hacer más que reflejar dicho logro.

A continuación, el texto de nuestra reseña original de Pathfinder: Kingmaker.

En los años que llevo colaborando con PCMR LATAM, me ha tocado reseñar títulos de todo estilo. Y, en consecuencia, me he encontrado con reseñas que demandaron más o menos trabajo, que acabaron siendo más o menos precisas, o bien que terminaron por resultar más o menos interesantes. Pathfinder: Kingmaker es el juego que más esfuerzo me ha demandado a la hora de sentarme a escribir una apreciación del mismo. Esta afirmación es el mayor elogio que tengo para el producto de Paizo Inc y Owlcat Games. Pero también es su mayor condena. Para bien y para mal, Pathfinder: Kingmaker irrumpe en este 2018 como un RPG que es tema de conversación obligada para cualquier aficionado al género.

Ambientado en el universo de Pathfinder, una suerte de “spin-off” de la edición 3.5 de Dungeons & Dragons. Pathfinder: Kingmaker es el más purista dentro del grupo de los cRPGs modernos. Esto se traduce en un juego que recupera tradiciones del genero propias de la era del Infinity Engine con un grado de fidelidad muy superior a lo que pudimos ver en títulos recientes como Pillars of Eternity o Divinity: Original Sin. De hecho, la comparación más acertada que podemos hacer para con Kingmaker es el propio Baldur’s Gate. En todos los sentidos, Pathfinder: Kingmaker se juega, se ve y se siente como una versión moderna del clásico de Bioware. Es, por mucho margen de diferencia, lo más cercano que hemos tenido a un auténtico Baldur’s Gate 3.

Pero, lamentablemente, Kingmaker también es un producto que ha llegado al mercado con una serie de problemas técnicos bastante graves. Algunos pueden emparentarse con los típicos problemas de balance y lógica en juegos tan complejos en sistemas como lo son los cRPG. Pero existe toda otra familia de bugs, fallos y errores lógicos en general que son absolutamente inadmisibles en un producto que se vende en el mercado como un juego completo.

Como ya mencionáramos anteriormente: Para bien y para mal, Pathfinder: Kingmaker es uno de los juegos más interesantes del año. Es un juego que busca adaptar, de la forma más fidedigna posible, al libro de reglas del juego de rol que le dio origen. Por lo tanto, la primera tarea con la que se encontraran los jugadores es la de crear un personaje jugable. Si bien el juego también nos brinda la opción de escoger personajes pre-generados.

El sistema de creación de personajes presente en este título es absolutamente inmenso. Hay más de una docena de clases para escoger, que incluyen subclases y clases avanzadas. También hay una cantidad nutrida de habilidades, poderes, hechizos y características para cada tipo de personaje. Pathfinder: Kingmaker nos permite crear al personaje jugable que nos imaginemos. Desde hechiceros con linajes draconicos hasta sacerdotes que pueden servir a distintas deidades, pasando por guerreros especialistas en defensa, monjes que combaten a puño limpio o personajes multiclase con características combinadas.

Se trata de un sistema extremadamente versátil que brinda al jugador una gran cantidad de opciones. Pero también se trata de un sistema que puede ser algo oscuro e inescrutable para aquellos jugadores que no estén habituados a las reglas de Pathfinder, o de Dungeons & Dragons en general. Existen una serie de tooltips y guías que ayudan bastante a la hora de decidir estadísticas y características para los personajes. Pero la documentación no está presentada de la forma más concisa y a veces puede confundir más de lo que aclara.

Para complementar a las capacidades de nuestro personaje, Kingmaker nos ofrece otros cinco espacios en el típico “party” de aventuras. Estos espacios se pueden llenar con personajes personalizados (que se pueden reclutar durante el juego a cambio de una cantidad de oro), o bien con los distintos personajes compañeros. Kingmaker nos ofrece un elenco de once personajes que pueden unirse a nuestra aventura. Se trata de un conjunto de personalidades que busca llenar, en mayor o menor medida, cada casillero dentro de los perfiles estereotípicos de la fantasía épica. Estos personajes cuentan con su propia historia particular, que se desarrolla a lo largo del juego, y además tienen conversaciones entre ellos que ayudan a definir sus personalidades. Si bien ninguno de ellos me ha parecido especialmente memorable.

La campaña de Pathfinder: Kingmaker nos transporta al mundo mágico de Golarion. En lo particular, a una región salvaje y sin ley conocida como Las Tierras Robadas. Comenzamos la aventura como parte de un pelotón de aventureros que se interna en las Tierras Robadas con una misión: aniquilar al Stag Lord, rey bandido que controla la zona, e instaurar una nueva baronía independiente.

Las Tierras Robadas, y Golarion en general, son un escenario que se hará inmediatamente familiar para los aficionados a la fantasía épica. No hay elementos demasiado originales en este mundo de fantasía, en el cual veremos chocar a las razas y arquetipos clásicos: enanos, elfos, humanos, trolls, kobolds, etc. Esto puede ser algo que vaya en detrimento de la experiencia, o en su favor, dependiendo de donde estén puestas las expectativas del jugador. El mundo de Golarion carece de las dosis de originalidad impresas en los mundos de otros títulos similares (Como Rivellion o Eora), pero suple a esta falencia con una familiaridad que invita al sentimiento nostálgico.

Pero, por otro lado, si hay un elemento bastante original en la estructura de Pathfinder: Kingmaker. Como mencionamos anteriormente, nuestra misión inicial implica la fundación de una nueva baronía independiente en las Tierras Robadas. Y, por lo tanto, tras superar el primer episodio del juego, se nos introduce a toda una nueva faceta de la experiencia en la forma de la gestión del reino. Como barón o baronesa de las Tierras Robadas, nuestra misión será doble. Por un lado, deberemos lanzarnos a la aventura para descubrir una red de conspiraciones y secretos en torno a la región, y por otro lado deberemos cumplir el rol de político y gobernante, decidiendo sobre la suerte y el destino de nuestros súbditos.

La faceta de gestión es bastante sencilla, y recuerda en cierta forma a una versión simplificada de títulos del estilo de Banished o Frostpunk. Ya que no solo tendremos la responsabilidad de desarrollar nuestras tierras, sino que también deberemos decidir y juzgar sobre distintas situaciones que se presentan periódicamente. Los sistemas de baronía son simples, pero efectivos, y una nutrida cantidad de opciones nos permite delegar funciones (a nuestros compañeros, u otros NPCs) o bien automatizar la totalidad del asunto.

Por fuera de la gestión del reino, Kingmaker se comporta como un cRPG típico. La totalidad de las Tierras Robadas está disponible para ser explorada. Y esto se puede lograr mediante un mecanismo de mapa del mundo en base a nodos y zonas de interés. El mundo de Golarion, como mencionamos, es bastante derivativo. Pero esto no quiere decir que no esconda lugares y secretos interesantes. El bestiario que presenta el juego, si bien familiar, es realmente nutrido e interesante. Desde las típicas arañas gigantes hasta liches y dragones. Vamos a enfrentarnos con toda la fauna disponible en este tipo de fantasías.

Esta naturaleza variada de los enemigos puede traducirse, a veces, en picos de dificultad, que en realidad suelen ser más aparentes que reales (los picos de dificultad peor balanceados ya fueron corregidos a fuerza de parches). Kingmaker utiliza un sistema de combate de Tiempo Real Pausado, y es sabido que este tipo de combate puede llevar a algunos jugadores a adoptar estrategias demasiado directas a la hora de la lucha. En realidad, Kingmaker es un juego que nos obliga a usar la totalidad de nuestro repertorio de habilidades, en especial en dificultades altas. Realizar una preparación adecuada antes de cada combate, lanzar hechizos de protección y echar mano al uso de pociones y pergaminos deberían ser parte del repertorio de estrategias básicas de cualquier aventurero que se preste.

Combates que se presentan como casi imposibles, pueden volverse triviales si usamos las herramientas adecuadas. Hechizos aparentemente inocuos, como el hechizo de mago “ceguera” o el rezo del clérigo “protección contra la energía”, se transforman en herramientas letales en las manos de un jugador avanzado. En lo particular, una de mis tácticas favoritas para el juego temprano es utilizar el rezo “Protección contra la energía: comunal (fuego)” y bañar la zona de bolas de fuego que casi no dañan a mis personajes. Cada jugador va a poder encontrar su táctica favorita, su build perfecto y dotar a los distintos personajes de las habilidades que les parezcan más pertinentes.
En este sentido, Pathfinder: Kignmaker es un RPG en cuyo corazón reside una jugabilidad fuertemente basada en sistemas. Esto hace de Kingmaker un título enormemente adictivo, ya que siempre hay nuevas habilidades, hechizos, objetos o armas para probar. De hecho, en los últimos días le terminé dedicando más tiempo a repetir el primer capítulo con distintos personajes que a terminar la aventura (algo que quedará debidamente explicado en la siguiente sección).

Owlcat Games ha creado uno de los RPGs más complejos e interesantes de la memoria reciente, con sistemas de creación de personajes y combate que otorgan al jugador una enorme cantidad de agencia. En este sentido, Pathfinder: Kingmaker, se presenta como uno de los mejores títulos del año. Y, en condiciones normales, no dudaría ni un segundo en mencionarlo entre los dos o tres mejores títulos de los últimos meses. Lamentablemente, las enormes virtudes de Pathfinder: Kingmaker se ven empañadas por una igualmente enorme serie de problemas técnicos que azotan al título.

Como mencioné en la sección anterior, aún no he podido finalizar la campaña de Pathfinder: Kingmaker. La razón es simple: me encontré con un fallo lógico en una misión de la historia central que dificultó enormemente mi progreso. No se trata de un problema “game-breaker”, pero preferí esperar a una solución a este problema por parte de Owlcat antes que perderme parte de la narrativa a causa de este fallo (sin entrar en spoilers, se trata de un fallo que altera el orden los eventos de una misión central).

Como yo me encontré con este error, los foros de Steam y de Owlcat están poblados de jugadores que han experimentado problemas similares. Lo más llamativo es que la mayoría de los bugs realmente graves se hacen presentes a partir del tercer capítulo. Lo que parece evidenciar una falta de control de calidad de la segunda mitad del juego por parte de la gente de Owlcat. Los primeros dos episodios funcionan de manera más o menos correcta, más allá de algún fallo menor. Pero a partir del tercer episodio aparecen bugs y errores de secuencias lógicas en las misiones que pueden arruinar por completo un juego guardado.

Por otro lado, hay una serie de decisiones de diseño que agregan sal a la herida. El sistema de descanso, por ejemplo, es demasiado draconiano. Lograr unas horas de descanso para nuestro grupo es un minijuego en sí mismo, y el juego nos obliga a elegir roles dentro del campamento, tales como los turnos de guardia o el encargado de la cocina. El sistema tiene lógica y agrega una dosis interesante de construcción de personajes, ya que las conversaciones entre los personajes compañeros suelen ocurrir en los momentos de descanso. El problema viene por el lado de la frecuencia con la que el juego nos obliga a descansar. Dicha frecuencia guarda lógica (por lo general nos vemos obligados a descansar una vez por día dentro del tiempo del juego). Pero desde un punto de vista jugable termina por volverse una rutina extremadamente molesta.

Toda otra serie de pequeñas pero importantes omisiones se suman a estos problemas. Por ejemplo, es inadmisible que no exista una forma de acceder de manera automática al mapa del mundo cuando estamos en la sala del trono. La estructura de juego nos obliga a volver periódicamente a la capital para encargarnos de la gestión del reino. Pero para salir de la pantalla del trono es necesario atravesar dos escenarios enteros y soportar dos pantallas de carga que, además, suelen ser bastante extensas.

Otro tanto puede decirse de las misiones con contador de tiempo. Kingmaker presenta una serie de misiones que nos veremos obligados a resolver en una cantidad determinada de días o meses. Y si bien el tiempo disponible siempre es más que suficiente, el juego a veces no comunica de manera adecuada los días faltantes. O incluso, en el caso de algunas misiones secundarias, si la misión tiene un límite de tiempo o no.

En resumen, la batería de problemas presentes en Kingmaker lanzan un velo oscuro sobre las bondades del título. En especial los problemas de bugs y fallos lógicos en la segunda mitad del juego. Por todo lo bueno que Kingmaker hace, aún queda mucho trabajo por delante para poder hablar de un producto 100% funcional.

A pesar de los mencionados problemas técnicos, Kingmaker es un juego que resulta muy agradable a los sentidos, en especial gracias a una gran dirección artística, un buen trabajo de voces y una fantástica banda musical. Los gráficos del juego son bastante sencillos, y no llegan al nivel de detalle y cuidado que pudimos ver recientemente en Pillars of Eternity II: Deadfire. Pero para ser un RPG isométrico, Kingmaker se encuentra del lado bello del espectro en cuanto a estética visual. Owlcat merece una felicitación especial por el genial sistema de estaciones y clima dinámico. Los efectos de lluvia y nieve ayudan a dotar de personalidad al mundo del juego, y en algunos casos tienen incidencia en la faceta jugable.

El trabajo en sonido es igualmente acertado. No todas las líneas de texto tienen un doblaje a voz, pero cuando las voces aparecen el trabajo de los actores es muy bueno. La historia que se narra en Kingmaker (y las historias particulares de cada episodio) puede ser algo derivativa, pero es apropiadamente épica y el buen trabajo de voces ayuda a resaltar dicha cualidad épica. Lo mismo puede decirse de la absolutamente fantástica banda sonora compuesta por Inon Zur, que me ha transportado a las buenas épocas de Baldur’s Gate y Icewind Dale.

Hay otro elemento que merece discusión: las opciones de dificultad. Kingmaker ha recibido muchas críticas por parte de la base de usuarios en cuanto a su dificultad, pero la verdad sea dicha, el juego ofrece uno de los sistemas de selección de dificultad más completos y personalizables que he visto en mi vida. El juego nos brinda opciones de todo tipo, desde disminuir la efectividad de los golpes críticos del enemigo hasta desactivar la gestión de la baronia. De forma que cada jugador podrá ajustar la experiencia a su gusto.

En conclusión, Pathfinder: Kingmaker es un juego de dos rostros. Por un lado, es un excelente ejemplo de lo que el cRPG puede ofrecer. Es un juego al que estoy dispuesto a dedicarle cientos de horas, y que brinda una enorme cantidad de opciones al jugador a la hora de experimentar su inmenso mundo. Por otro lado, es un producto que de ninguna manera está terminado. La cantidad de fallos, bugs y problemas lógicos presentes es absolutamente inadmisible para un título que se vende como un producto completo. Este problema es tan grave, que muchos jugadores (y me incluyo), no han podido llegar a los episodios finales de la aventura.

Pero veamos también el lado bueno. La gente de Owlcat no se ha dormido en sus laureles y trabajan día y noche para corregir los múltiples problemas del título. Tal vez, en dos o tres meses, podamos volver a esta reseña y agregarle a la nota final un 20%, o tal vez un 30% más. Kingmaker tiene el potencial para transformarse en un auténtico clásico moderno. Desde aquí, les recomendamos a todos nuestros lectores esperar algunas semanas para lanzarse a la conquista de Las Tierras Robadas.

Este review fue realizado con una copia de prensa proporcionada por Deepsilver/Owlcat Games.

Pathfinder: Kingmaker - Re-Review
Historia90%
Gameplay100%
Gráficos85%
Música y Sonidos90%
Lo bueno:
  • - El más complejo y adictivo de los cRPGs modernos.
  • Enorme cantidad de contenido.
  • Gran banda sonora.
Lo malo:
  • Algunos elementos necesitan un mejor balance.
  • Aún persisten algunos bugs menores.
95%Nota Final
Puntaje De Lectores: (5 Votos)
81%