Sin dudarlo, el ambiente de los videojuegos ha tenido, a lo largo de su trayectoria, una fascinación innata por las guerras. Sin embargo, son pocos los títulos que se han alejado de la gloria de la matanza, los baños de sangre y las explosiones del frente de batalla como 11-11 Memories Retold, un título de aventura desarrollado por Digixart y Aardman Animations (la productora de cine de animación que nos ha brindado películas tan conocidas como Shaun the Sheep o Wallace and Groomit), y distribuido por Bandai Namco.

A pesar que otras entregas como Call of Duty WWII y Battlefield 1 hayan intentado mostrar un poco del lado más humano de las guerras en sus campañas single player, su mensaje profundo se ahoga en la compensación de puntos por muertes y “killing sprees” del modo multijugador. En 11-11: Memories retold nos encontramos con un concepto totalmente diferente, en donde en vez de mostrar el encanto de las victorias, los estallidos y la matanza, éste juego relata una historia en la cual no hay un vencedor, solo dos caras de una misma moneda, con pérdidas, con cicatrices, y vidas cambiadas para siempre.

Ofrece representar solo lo justo para preservar la sensibilidad de los jugadores de edad más corta (tal vez porque también se pensó para que funcione para fines educativos). Trata temas muy trascendentales como los efectos psicológicos de la guerra y las consecuencias sociales de la misma, sabiendo evitar convertir su historia en densa o sobrecargada, lo que es un muy buen logro.

Memories Retold nos pone en lugar como testigos privilegiados de los pasos de Harry y Kurt, dos hombres en lados opuestos de la Primera Guerra Mundial, aunque ninguno de ellos motivados por ninguna clase de espíritu nacionalista. Harry es un canadiense que se embarca para impresionar a una joven llamada Julia, trabajando como fotógrafo para el general Barrett, un personaje con morales dudosos pero una trayectoria aparentemente impecable. Yendo a la guerra y fotografiando soldados en el fervor de la batalla, las fotografías de Harry aparecerían en los tabloides, volvería a su hogar con honor, y tendría muchas historias que contar.

Kurt, por el otro lado, es un ingeniero alemán que poco le interesa la guerra o los ideales de la nación por la que lucha, por lo que su único objetivo tras enlistarse en el ejercito es encontrar a su hijo, cuyo pelotón desapareció hacía unas semanas atrás, preocupándole poco su propia vida o la de la familia que deja en casa.

Ninguno de los dos quieren pelear, y se deja bien en claro que no existe ningún tipo de odio visceral hacia el otro, por lo que cuando quedan encerrados juntos en un túnel, se paralizan sin saber qué hacer. A pesar de la barrera lingüística entre ellos, ambos crean un lazo de amistad y camaradería para sobrevivir. Harry cuenta una historia un poco más esperanzadora a través de sus fotos, mientras que Kurt, por medio de sus cartas, nos muestra una depresión absoluta, mientras indaga el paradero de su hijo. En esos momentos es cuando se genera un profundo contraste emocional entre los dos, mientras uno descansa y se divierte en París,  el otro sigue buscando a su hijo entre tumbas y escombros, o preguntando a desconocidos, sin resolución alguna.

La construcción de los personajes, así como la premisa del juego y el contexto histórico son muy importantes, ya que 11-11: Memories Retold es naturalmente una aventura narrativa. No tiene comparación con las aventuras gráficas de TellTale, por ejemplo, ya que presenta una historia más lineal, con saltos permanentes entre las locaciones y las vidas de Harry y Kurt. Hablar con personas, tomando decisiones aparentemente banales, influencia a la historia y su final de forma directa, y lo que Kurt le dice a través de sus cartas a su esposa e hija en Alemania. Evitando las peleas típicas de un videojuego bélico, éste pide que el personaje se agache para esquivar balas, o sincronizar el correr con el tiempo de recarga de una ametralladora, pero no ofrece mucho más gameplay de acción que ese.

También son pocos y muy sencillos los puzzles que se encuentran a lo largo del juego, con pocos lugares por explorar (en una época en la que nos hemos acostumbrado a los títulos de mundo abierto y sandbox). Hay algunas cartas coleccionables escondidas en los diferentes capítulos, que brindan muchos detalles educativos sobre el equipamiento que se usaba, la comida, las ubicaciones geográficas, etc. Por otro lado, existe una mecánica que a muchos aficionados de los paisajes y la fotografía les gustará, dada la posibilidad de retratar momentos o personas con la cámara de Harry. Lamentablemente, es posible terminar el juego en aproximadamente cinco horas, sin mucho esfuerzo, haciéndolo un título realmente corto para ser de los que se basan en la historia y narrativa como pilar fundamental.

Pero seamos sinceros, el aspecto que más llama la atención en este videojuego es el del departamento de arte y su apartado gráfico. Una atención al detalle interesante, utilizando un motor gráfico o un filtro que traduce al mundo 3D que exploramos a una especie de pintura de acuarelas deslumbrante, tanto así que cualquier captura que se haga tendrá cierta remembranza a cuadros de Van Gogh o Monet. Si se lo observa de cerca, se puede apreciar pincelada por pincelada, pero al alejarse se valora mucho más la forma en la que se entrelazan los colores para formar una imagen compleja y encantadora. Se luce aún más cuando hay disparos, fuego o el sol genera un bello contraste, diferenciándose de muchos otros juegos donde se quiere mostrar hasta el más mínimo detalle de un rostro, pero sin verdaderas intenciones artísticas.

La música y los sonidos son también maravillosos, con una extraordinaria actuación de voces en donde nos encontramos con la participación del reconocido actor Elijah Wood, en la piel de Harry, y al actor alemán Sebastian Koch, como Kurt. Los NPC respetan el idioma de su nación (Inglés, alemán, francés), lo cual amplifica mucho más la atmósfera lograda por la narrativa, y las melodías orquestales compuestas por Olivier Deriviere son otro de los recursos que sumergen al jugador tanto en los momentos de mayor paz como en la frenética desesperación, o hasta de jugueteo a la hora de encarnar al felino amigo de Kurt.

A grandes rasgos, no es una experiencia narrativa realmente atrapante, pero ciertamente es memorable y valiente al tomar una perspectiva muy poco explorada por el mundo gamer. El juego es corto y se disfruta desde el principio a su fin. Su velocidad por cambiar de personaje deja siempre un sabor de curiosidad por el futuro de los protagonistas, incentivando a seguir avanzando en la historia. 11-11 Memories Retold cumple al capturar la esencia y perspectiva de la vida de dos personas que pelean una guerra sin tomar el rol de los propios combatientes, pero es uno de esos títulos para los que hay que estar muy preparados para poder disfrutarlos.

Este review fue realizado con una copia de prensa proporcionada por Bandai Namco Latinoamérica.

11-11 Memories Retold - Review
Historia60%
Gameplay65%
Gráficos85%
Música y Sonidos80%
Lo bueno:
  • Maravilloso apartado artístico
  • Historia de guerra conmovedora y fuera de lo usual
Lo malo:
  • Pocas decisiones
  • Gamplay limitado y corto
73%Nota Final
Puntaje De Lectores: (1 Voto)
71%