Frostpunk, la nueva producción de 11bit Studios, es un juego difícil de catalogar. Al igual que la obra anterior de los muchachos de 11bit, This War of Mine, Frostpunk toma elementos de géneros tradicionales y los subvierte con su propia fórmula. En This War of Mine nos encontrábamos con secuencias de acción cuasi “plataformeras”, pero el nudo del juego se centraba en administrar el estado mental y la moral de nuestro grupo de supervivientes. De igual manera, Frostpunk toma todos los elementos clásicos de juegos de gestión de ciudades, pero el verdadero atractivo está en otro lado. El verdadero atractivo de Frostpunk está en descubrir que tan lejos estamos dispuestos a llegar en pos de la supervivencia.

La narrativa que nos plantea Frostpunk es escueta y apenas funciona como un telón de fondo. En una historia alternativa, una nueva edad de hielo golpea al mundo de los años 1800. La sociedad basada en el carbón y la industria pronto se ve arrasada y la vida humana en La Tierra parece llegar a su fin. Un pequeño grupo de refugiados abandona la moribunda Londres para fundar la última ciudad del planeta. En un cráter, ubican un enorme generador de carbón y comienzan a construir el último bastión de la humanidad en torno a él. Frostpunk es la historia de esta gente y de las decisiones que estemos dispuestos a tomar para permitirles sobrevivir otro día en el infierno blanco.

Los engranajes básicos de Frostpunk van a ser inmediatamente familiares para cualquier aficionado al género de los juegos de gestión de ciudad. Nuestros objetivos iniciales serán los de obtener recursos, construir las primeras viviendas y poner en marcha la economía de nuestra pequeña ciudad congelada. Los recursos básicos son cuatro: carbón, minerales, madera y alimentos. Y las formas de conseguirlos son variadas. Al comenzar cada partida vamos a encontrar pequeños depósitos que nuestros ciudadanos pueden recoger con sus manos. Pero a medida que avancemos y necesitemos más y más recursos será necesario desarrollar otras formas de obtenerlos. Para esto contamos con el taller y el árbol tecnológico, que nos permite desbloquear nuevas tecnologías para construir minas, refinerías, grandes cocinas y equipar a nuestras partidas de caza. Todo esto viene acompañado de un sistema de horarios y rutinas de trabajo. Los habitantes de nuestra ciudad tienen un tiempo para trabajar, un tiempo para dormir y un tiempo para descansar. Y la gestión que hagamos de los recursos debe acomodarse a la mencionada rutina.

Existe un quinto recurso “invisible” en Frostpunk: el calor. Y de los cinco recursos este es por lejos el más importante. Si queremos que nuestra ciudad funcione necesitamos mantener las casas y los lugares de trabajo a una temperatura tolerable. Si fallamos en esta empresa, pronto veremos nuestros centros médicos desbordados por los enfermos. Y nos veremos obligados a realizar amputaciones mientras vemos como se apilan los cadáveres. Mantener a la ciudad caliente es una tarea realmente compleja. En primer lugar, necesitamos asegurarnos que nuestros generador central este siempre funcionando. Para lo que es necesario un constante suministro de carbón. Pero además, a medida que nuestra ciudad se expanda, será necesario distribuir el calor con torres de vapor y calentadores. Todos estos aditivos funcionan gracias a nuestras reservas de carbón. Por lo que la extracción de dicho recurso siempre debe ser una prioridad.

Sobre estos excelentes sistemas de gestión y construcción, Frostpunk construye su verdadera identidad. A medida que nuestra ciudad crezca, nuestros ciudadanos se asienten y vayamos explorando la tundra de los alrededores, nos encontraremos con distintas decisiones que nos veremos obligados a tomar. ¿Necesitamos más manos en las refinerías? Tal vez sea buena idea sancionar el trabajo infantil. ¿Qué hacer con los muertos? ¿Creamos un cementerio, o más bien nos ahorramos el gasto y desechamos los cuerpos en una fosa común? Hay un alborotador en la ciudad ¿lo ejecutamos o lo exiliamos? Todas estas decisiones, y muchas más, impactarán de forma directa en la moral de nuestros ciudadanos.

Frostpunk racionaliza esta faceta con dos medidores: el descontento y la esperanza. Si tomamos demasiadas decisiones impopulares, el descontento aumentará, y es posible que nos veamos en una situación en la cual seremos nosotros los blancos de un exilio o una ejecución. Por el contrario, si fallamos a la hora de suplir las necesidades básicas de la población, la esperanza disminuirá, y pronto nos encontraremos con un final igual de aciago. La faceta de decisiones y moral de Frostpunk gira todo el tiempo en torno a encontrar el balance entre estos dos aspectos. Por ejemplo, si una banda de alborotadores está incitando al descontento podemos optar por reprimirlos, pero esta acción impactará en la esperanza de la población general. En Frostpunk, ninguna decisión parecer ser la correcta. Pero debido a las terribles circunstancias, siempre tendremos que elegir el camino que nos parezca menos trágico.

Sobre estos sistemas básicos, Frostpunk nos presenta algunas opciones de gestión más avanzadas. Con el desarrollo tecnológico adecuado es posible construir gigantescos autómatas que trabajan de manera incansable y no sufren el azote de los elementos. Si avanzamos lo suficiente en los árboles de política y gestión vamos a poder desbloquear nuevas formas de gobierno que se centran en el totalitarismo (ideológico y religioso), y con eso, nuevas formas de mantener a nuestros ciudadanos presos de conformismo bajo nuestro puño de hierro. Opciones avanzadas de construcción nos permitirán construir prisiones, cabarets o centros de propaganda. Todos estos elementos se conjugan de manera magistral con los sistemas de gestión de recursos y gestión de moral, para transformar a Frostpunk en un juego tan complejo como bien equilibrado.

Con esto dicho, hay algunos puntos negativos en la ejecución del juego. En primer lugar, la campaña central peca de ser algo corta y no presenta un grado demasiado elevado de rejugabilidad. En total debernos sobrevivir 45 días, y los últimos de ellos nos plantean un desafío extremo para nuestra colonia. Por lo que la preparación toma una importancia capital. El problema con esta mecánica estriba en que los caminos más efectivos para lograr la supervivencia pronto se vuelven claros, y la rejugabilidad de la campaña sufre por eso. Al final del día, si completamos dos o tres campañas es muy probable que ya hayamos explorado todas las permutaciones que Frostpunk tiene para ofrecer. Como punto a favor, existen otros dos escenarios que plantean modificaciones a la estructura básica del juego y alargan su vida útil. Mientras que la gente de 11bit nos promete más escenarios a futuro.

Otro elemento negativo es la incapacidad de modificar las leyes que dictemos. Una vez que nos decidamos por una ley esta queda escrita en piedra y no es posible modificarla. Por lo que las leyes de Frostpunk se sienten más como un árbol de habilidades en un RPG que como un sistema de políticas similar a lo visto en juegos 4X como Europa Universalis o Civilization. Sería excelente, por ejemplo, poder derogar el trabajo infantil una vez que ya no hagan falta las manos extra. Pero Frostpunk no nos brinda esa opción.

Un gran punto a favor del juego es su calidad audiovisual. Gráficamente, Frostpunk es un juego poderoso. No solo en su fidelidad gráfica (y si buen rendimiento, Frostpunk es un juego que funciona de maravillas en resoluciones 4k), sino también en su absolutamente acertado estilo artístico. Como su título lo indica, Frostpunk toma inspiración del genero steampunk para sus cualidades estilísticas, y los resultados son muy buenos. Enormes estructuras metálicas, gigantescas columnas de humo y el sonido de la maquinaria industrial se acoplan para darle a Frostpunk una identidad única. Todo este movimiento, en contraste con el aparentemente infinito hielo de la tundra le otorga a la ciudad de Frostpunk una cualidad casi fantástica. Los vivos colores de los fuegos y las chimeneas aumentan su impacto en las gélidas condiciones que nos plantea el juego.

La música de Frostpunk es igualmente excelente, en especial debido a cómo va evolucionando a lo largo de la campaña. La banda musical comienza con un tono triste y melancólico, y poco a poco va ganando ritmo, a medida que nuestra ciudad crece y se fortalece. En los momentos finales de la campaña, frente a un desafío aparentemente insuperable que nos plantea el juego, la música toma un ritmo de urgencia que nos pone rápidamente en situación. Bastará decir que el acople de los elementos del gameplay, el excelente apartado gráfico y una fantástica banda sonora hacen de Frostpunk un juego singularmente emocionante y frenético. Cualidad que usualmente no está presente en los juegos de gestión de ciudades, más inclinados hacia el juego tranquilo y relajado.

En definitiva, Frostpunk es otro juego excelente de 11bit Studios. Se trata de una propuesta similar y muy diferente a lo que nos ofrecía This War of Mine. Frostpunk funciona bajo otras reglas y bajo los estándares de otro género. Pero el corazón de la experiencia es el mismo. Una vez más, los muchachos de 11bit nos plantean una serie de decisiones imposibles en pos de un único objetivo. La supervivencia. La ciudad debe sobrevivir.

Este review fue realizado con una copia de prensa proporcionada por 11bit Studios.

Frostpunk - Review
Gameplay80%
Gráficos90%
Música y Sonidos90%
Lo bueno:
  • Excelentes mecanismos de juego que se acoplan muy bien con el sistema de decisiones.
  • La potencia de su ambientación.
  • Fantástica banda sonora.
Lo malo:
  • La campaña central no ofrece demasiada rejugabilidad.
  • Que no se puedan derogar las leyes.
85%Nota Final
Puntaje De Lectores: (3 Votos)
80%